Si hay una queja que escucho con enorme frecuencia en las consultas de lactancia es esta: «Me están saliendo grietas y no sé qué crema ponerme». La idea de que las grietas son un problema de piel —seca, delicada, sensible— está tan extendida que muchas madres llegan con bolsas enteras de productos antes de que nadie les haya observado una sola toma. Y la realidad es que, en la inmensa mayoría de los casos, ningún producto va a solucionar nada si no se aborda lo que está pasando de verdad: el agarre del bebé al pecho.
Este artículo no pretende quitarle hierro al dolor que producen las grietas, porque ese dolor es real, intenso y a veces tan limitante que lleva a muchas mujeres a abandonar la lactancia antes de lo que ellas mismas habrían querido. Lo que pretendo es explicar con claridad qué está ocurriendo en el pezón, por qué el agarre es el factor central en casi todos los casos y qué puedes hacer —con ayuda o sola— para darle la vuelta a la situación.
Qué es exactamente una grieta en el pezón
Cuando hablamos de grietas o fisuras en el pezón, hablamos de una solución de continuidad en la piel: una pequeña herida que puede ir desde una línea rojiza superficial hasta una fisura profunda que sangra y que dificulta enormemente cada toma. Pueden afectar a la punta del pezón, a su base o aparecer en la zona de la areola que también entra en contacto con la boca del bebé.
Lo importante es entender que la piel del pezón no es especialmente frágil. Está diseñada para tolerar la succión. Si aparecen grietas, es porque algo está generando una fuerza mecánica anormal sobre esa piel en cada toma. Y esa fuerza, en la práctica totalidad de los casos, viene de una posición o un agarre inadecuado.
La sensación que describe el daño es bastante característica: un dolor agudo, cortante o quemante que aparece desde el primer segundo en que el bebé se engancha y que, en lugar de ceder a los 30-60 segundos como ocurre con el ligero pellizco inicial que es normal al principio de la lactancia, se mantiene durante toda la toma o incluso aumenta. Ese patrón de dolor es ya, por sí solo, una señal de que el agarre no está bien.
Por qué el agarre lo explica casi todo
Para entender el mecanismo, piensa en cómo funciona una succión correcta. Cuando el bebé se agarra bien, toma en su boca no solo el pezón sino una buena cantidad de areola: la lengua queda por debajo del pecho formando una especie de canalón que amortigua la presión, el paladar blando actúa como parte superior del sándwich y la succión se produce mediante un movimiento ondulatorio de la lengua que «ordeña» el tejido mamario sin comprimir el pezón contra nada duro.
Cuando el agarre es superficial —el bebé solo toma el pezón o una porción mínima de areola— la geometría cambia radicalmente. Un agarre superficial hace que el pezón quede comprimido contra el paladar duro del bebé en cada succión, generando una fricción mecánica que provoca fisuras en pocas tomas. La lengua, en lugar de proteger, contribuye a raspar la piel. (Weigert et al., 2005, Jornal de pediatria) Y como el bebé hace entre 8 y 12 tomas al día, cada una de 10 a 40 minutos, el traumatismo se acumula con una velocidad asombrosa. No es que tu piel sea débil: es que ninguna piel resistiría eso.
El signo externo más claro de que el agarre ha sido el problema es la forma que adopta el pezón al salir de la boca del bebé. Si sale aplastado, con forma de barra de lápiz labial o con una línea blanca transversal, la compresión ha sido anormal. Si sale redondeado y con el mismo aspecto que antes de la toma, el agarre ha sido correcto.
Los factores que dificultan el agarre
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Ahora bien, decir que el agarre es el origen no responde a la pregunta de por qué el agarre es inadecuado. Hay varios factores que entran en juego, y conocerlos ayuda a no sentirse culpable y a buscar la solución adecuada.
La posición de la madre y el bebé
La posición en la que se realiza la toma condiciona directamente la calidad del agarre. Una posición en la que el bebé tiene que girar la cabeza para alcanzar el pecho, o en la que su cuerpo no está alineado con su cabeza, o en la que el pecho cuelga hacia él en lugar de ir él hacia el pecho, dificulta que abra la boca de forma óptima y que mantenga un agarre profundo durante toda la toma.
Las posiciones más recomendadas en el período neonatal —posición biológica o de crianza, posición de rugby, posición acostada de lado— tienen en común que permiten al bebé tener libre el cuello, que su nariz esté al nivel del pezón antes de engancharse (para que tenga que abrir mucho la boca hacia arriba para alcanzarlo) y que todo su cuerpo esté bien sujeto. Pequeños ajustes en la posición son, a menudo, suficientes para transformar completamente una toma.
La anatomía del pezón
Los pezones planos o invertidos presentan un reto adicional porque el bebé tiene más dificultad para engancharse. No es imposible dar el pecho con pezones planos —muchas mujeres lo hacen sin ningún problema—, pero sí requiere estrategias específicas como moldear el pecho antes de la toma o asegurarse de que el bebé esté muy activo y con mucho reflejo de búsqueda en el momento de ofrecerle el pecho.
El frenillo del bebé
Este es uno de los factores más infradiagnosticados. La anquiloglosia en el recién nacido se asocia con dolor y grietas en el pezón, así como con dificultades en la transferencia de leche durante la lactancia. Un frenillo lingual corto o rígido limita el movimiento de la lengua: el bebé no puede extenderla lo suficiente para rodear bien el pecho y, aunque se agarre con la boca muy abierta, la lengua no protege el pezón de la compresión. (Dias et al., 2026, Journal of pediatrics. Clinical practice) El resultado es exactamente el mismo que el de un agarre superficial funcional, aunque la boca del bebé esté aparentemente bien colocada.
Por eso es importante que, cuando hay dolor persistente a pesar de haber trabajado la posición y el agarre, se valore la posibilidad de un frenillo. Lo hace un profesional con experiencia: matrona, pediatra, neonatólogo u odontopediatra según el protocolo de cada centro.
La congestión y el exceso de leche
En los primeros días, especialmente alrededor del tercer o cuarto día, la subida de la leche puede provocar una congestión mamaria importante. Cuando el pecho está muy tenso y lleno, la areola pierde elasticidad y el bebé tiene más dificultad para agarrarse bien; tiende a quedarse en la punta. Exprimir manualmente una pequeña cantidad de leche antes de la toma para ablandar la areola puede marcar una diferencia notable en la calidad del agarre durante esos días.
El uso precoz del biberón o del chupete
La succión que se hace en un biberón de flujo rápido requiere un patrón motor completamente diferente al de la lactancia materna: la lengua se coloca en posición más anterior, la mandíbula trabaja de forma distinta, los labios no se eversan de la misma manera. Cuando un bebé alterna los dos tipos de succión en los primeros días, antes de que haya consolidado el patrón de succión al pecho, puede generar confusión en el agarre. Esto no quiere decir que sea imposible combinar, pero sí que conviene tenerlo en cuenta cuando hay problemas.
Lo que no son las grietas: desmontando mitos
«Tengo la piel muy sensible» La sensibilidad de la piel puede hacer que el umbral de dolor sea menor, pero no que la piel se dañe con un agarre correcto. La piel del pezón tiene una gran capacidad de adaptación cuando la succión es mecánicamente adecuada.
«Es que no me preparé el pecho durante el embarazo» El frotar el pezón con una toalla áspera o «endurecer» el pezón durante el embarazo no tiene ningún fundamento científico y, de hecho, puede ser contraproducente. El pezón no necesita preparación previa: necesita un agarre correcto desde la primera toma.
«Tengo poca grasa natural en el pezón» Las glándulas de Montgomery —esos pequeños abultamientos que ves en la areola— producen una secreción natural que lubrica y protege el pezón. Si el agarre es correcto, esa protección es suficiente.
«Es que el bebé tiene mucha fuerza en la succión» La intensidad de la succión no causa grietas cuando el agarre es correcto, porque la presión se distribuye sobre una amplia superficie de tejido blando. Las grietas aparecen cuando la presión se concentra en un punto, que es lo que ocurre con el agarre superficial.
El dolor que no es solo grietas: otras causas que no debes pasar por alto
Aunque el agarre explica la gran mayoría de los casos, hay situaciones en las que el dolor en el pezón tiene una causa diferente o adicional que conviene no pasar por alto.
Candidiasis mamaria (mastitis por Candida) Se presenta como un dolor quemante, profundo, que persiste después de la toma e incluso entre tomas. El pezón puede tener un aspecto brillante, rosado o descamado. Suele ir acompañado de infección por cándida en la boca del bebé (muguet). Requiere tratamiento antifúngico tanto para la madre como para el bebé.
Vasospasmo del pezón (fenómeno de Raynaud del pezón) Después de la toma, el pezón se blanquea, luego se pone azulado y finalmente rojizo, con un dolor quemante o pulsátil asociado a cada cambio de color. Es más frecuente en mujeres con antecedentes de manos frías o Raynaud periférico. El frío lo desencadena, por lo que tapar el pecho inmediatamente después de la toma ayuda.
Mastitis La mastitis es una inflamación del tejido mamario —con o sin infección bacteriana— que produce dolor, calor, enrojecimiento y a menudo síntomas sistémicos como fiebre. Puede coexistir con las grietas (de hecho, las grietas son una puerta de entrada para las bacterias) o aparecer de forma independiente. Siempre requiere valoración.
Menciono estas situaciones no para asustar, sino para que quede claro que si has corregido el agarre y el dolor persiste o cambia de patrón, es el momento de consultar.
Qué puedes hacer cuando aparecen las grietas
Lo primero: revisar el agarre en cada toma
Antes de cualquier otra medida, observa cómo se agarra el bebé. Pregúntate: ¿tiene la boca bien abierta, como un bostezo? ¿Sus labios están evertidos (hacia fuera) o apretados sobre el pecho? ¿Su barbilla toca el pecho? ¿Su nariz está cerca del pecho pero sin estar tapada? ¿Ves o escuchas que traga?
Si algo no cuadra, despega al bebé introduciendo un dedo limpio en la comisura de su boca para romper el vacío —nunca tirando— y vuelve a intentarlo. Que el bebé llore un momento al despegarlo es normal y no le hace ningún daño. Es mucho mejor reintentar el agarre que sostener toda una toma con una posición incorrecta.
Pide ayuda sin esperar
No esperes a que las grietas sean muy profundas o a que el dolor sea insoportable. En las primeras horas y días tras el parto, el apoyo de una matrona que observe una toma completa en tiempo real es la intervención más eficaz que existe. Ella puede identificar en minutos lo que tú sola, sin una perspectiva externa, no puedes ver.
En el hospital, pide la visita de la matrona o la enfermera de lactancia antes de cada toma si es necesario. En casa, no dudes en llamar a tu matrona de atención primaria o de solicitar una consulta de lactancia. No estás siendo pesada: estás haciendo exactamente lo que hay que hacer.
Cuidado local de las grietas
Una vez que el agarre empieza a mejorar, el cuidado local ayuda a acelerar la cicatrización y a aliviar el dolor:
- Leche materna sobre el pezón: La leche materna tiene propiedades antibacterianas y cicatrizantes. Extrae unas gotas al final de la toma, aplícalas sobre el pezón y la areola y deja secar al aire. Es gratuita, siempre disponible y segura.
- Lanolina ultrapurificada: Es el producto de uso más extendido y el que tiene más respaldo. Se aplica en capa fina después de la toma y no hace falta retirarla antes de la siguiente. Hidrata y crea una barrera que evita que la herida se seque y se reabra.
- Apósitos de hidrogel: Para grietas muy profundas y dolorosas, estos apósitos mantienen un ambiente húmedo que favorece la cicatrización y reducen el dolor de forma notable. Siempre bajo indicación de tu matrona o profesional de lactancia.
- Aire y luz: Dejar el pecho al aire siempre que sea posible ayuda a la cicatrización. Los sujetadores o ropa que rozan la zona mantienen la herida irritada.
Lo que debes evitar: jabón directamente sobre el pezón (reseca e irrita), cremas con fragancias o alcohol, y limpiar la zona de forma excesiva. El agua templada en la ducha es suficiente.
El orden importa: empieza por el pecho menos dolorido
Cuando solo uno de los pezones está muy dañado, empezar la toma por el otro —el menos dolorido— tiene una ventaja práctica importante: el reflejo de eyección ya estará activado cuando pases al pecho afectado, lo que significa que el bebé tardará menos en obtener leche y succionará con menos intensidad en ese momento.
¿Y si el dolor es tan intenso que no puedo dar el pecho?
En casos de grietas muy profundas y dolorosas, puede ser necesario hacer una pausa en ese pecho durante 24-48 horas para que la herida cicatrice. Durante ese tiempo, extrae la leche con la mano o con un sacaleches para mantener la producción y ofrécesela al bebé. Esta es una decisión que debes tomar con tu matrona, no sola, porque hay que asegurarse de que el bebé está recibiendo suficiente leche y de que la producción no se ve comprometida.
📚 Evidencia científica
La relación entre el agarre y el daño en el pezón está ampliamente documentada. La revisión de Centuori y cols., publicada en el Journal of Human Lactation, ya identificó el agarre superficial como la causa principal de la aparición de grietas, por encima de cualquier factor relacionado con la piel de la madre. La investigación de Coca y cols., publicada en Revista Latino-Americana de Enfermagem, confirmó que las madres con grietas en el pezón presentaban sistemáticamente patrones de agarre incorrectos cuando se evaluaban con escalas validadas, y que la corrección del agarre era la intervención de mayor impacto sobre la resolución de las fisuras.
En cuanto al apoyo especializado, la evidencia es contundente. El apoyo especializado en lactancia en los primeros días posparto reduce significativamente la tasa de abandono precoz de la lactancia materna. La revisión Cochrane de Renfrew y cols., actualizada en sucesivas versiones, concluye que las intervenciones de apoyo profesional en el período neonatal temprano tienen un efecto claro sobre la duración y la exclusividad de la lactancia materna, y que ese apoyo es especialmente eficaz cuando se ofrece de forma proactiva y no solo ante crisis. (Fan et al., 2026, Nutrients)
Sobre el frenillo, los datos también son sólidos. La investigación de Hazelbaker, así como la revisión sistemática de O’Callahan y cols. publicada en Breastfeeding Medicine, muestra que la anquiloglosia en el recién nacido se asocia con dolor y grietas en el pezón, así como con dificultades en la transferencia de leche durante la lactancia. La frenotomía en lactantes con anquiloglosia significativa se asocia con una reducción del dolor materno y una mejora del agarre, aunque la decisión debe individualizarse y tomarse siempre con evaluación previa por profesional con experiencia.
Cuándo acudir con urgencia
La mayoría de las grietas mejoran en 48-72 horas con una corrección del agarre. Pero hay señales que no deben esperar:
- Fiebre superior a 38 °C acompañada de dolor, enrojecimiento o dureza en el pecho (puede indicar mastitis o absceso).
- Secreción purulenta o de mal olor por el pezón.
- Grieta que no mejora o empeora después de 5-7 días a pesar de haber corregido el agarre.
- Dolor quemante profundo que persiste entre tomas (posible candidiasis).
- Sensación de que el bebé no está tomando suficiente leche o pérdida de peso sin causa aparente.
En todos estos casos, consulta con tu matrona o con tu médico ese mismo día. No esperes a la próxima revisión programada.
El papel de tu pareja y de las personas de apoyo
Las grietas no solo afectan a la madre: afectan a toda la dinámica familiar. Hay parejas que ven sufrir a la mujer en cada toma y que no saben muy bien qué hacer. Aquí es donde el apoyo práctico marca una diferencia real.
Tu pareja puede ayudar a colocar cojines, a tener preparado un vaso de agua, a acercar al bebé cuando hay mucho dolor en el momento de levantarse, a vigilar que la posición es cómoda o simplemente a estar presente. La presencia tranquila y sin juicios durante una toma difícil puede hacer que esa toma sea completamente diferente.
Lo que más agota en un momento de grietas no es solo el dolor físico, sino la sensación de que algo está saliendo mal y de que nadie ve lo que estás viviendo. Un entorno que valida ese esfuerzo, que no minimiza el dolor y que apoya la decisión de pedir ayuda es, en sí mismo, una parte del tratamiento.
Si quieres profundizar en cómo preparaos juntos para estos momentos, en mi taller de preparación al parto para parejas trabajamos también la lactancia desde el primer día: cómo apoyar, cómo reconocer señales de que algo no va bien y cómo encontrar ayuda.
Un apunte sobre las pezoneras
Las pezoneras merecen una mención especial porque son uno de los recursos más utilizados —y más mal utilizados— cuando hay grietas. Una pezonera es una cubierta de silicona fina que se coloca sobre el pezón durante la toma. Puede dar alivio en casos de grietas muy dolorosas o cuando el bebé tiene dificultades para engancharse a un pezón plano o invertido.
Pero tienen limitaciones importantes. En primer lugar, no corrigen el agarre: si el agarre es superficial, el bebé se agarrará de forma superficial sobre la pezonera. En segundo lugar, pueden reducir la cantidad de leche que el bebé transfiere en cada toma, porque la pezonera reduce la estimulación directa del pezón y puede interferir con el reflejo de eyección. En tercer lugar, una vez instauradas, puede ser complicado retirarlas.
Esto no significa que nunca estén indicadas —hay situaciones en las que son una herramienta útil durante un período concreto—, pero deben usarse siempre bajo supervisión de tu matrona o de una profesional de lactancia, con un seguimiento cercano del peso del bebé y con un plan para retirarlas en cuanto sea posible.
La grieta como señal, no como destino
Quiero cerrar con algo que me parece esencial. Una grieta en el pezón no significa que no puedas dar el pecho. No significa que tu cuerpo no esté hecho para esto. No significa que el bebé no sepa mamar. Significa que algo en la mecánica de la toma necesita ajustarse, y que con el apoyo adecuado, ese ajuste es perfectamente posible en la gran mayoría de los casos.
He acompañado a muchas mujeres que llegaban convencidas de que tendrían que abandonar la lactancia por el dolor de las grietas y que, pocos días después de trabajar el agarre, estaban dando el pecho sin dolor y con una seguridad completamente nueva. El cambio puede ser muy rápido cuando se actúa sobre la causa real.
Lo más importante que puedes hacer si tienes grietas es no esperar. Pide ayuda hoy, no mañana. Busca a alguien que pueda observar una toma completa en tiempo real. Y recuerda que el dolor en la lactancia no es una condición de partida: es una señal de que algo puede mejorar.
Tu matrona está para eso. Y yo también.
Diana
📚 Bibliografía
- Weigert et al., 2005, Jornal de pediatria https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/16106316/
- Fan et al., 2026, Nutrients https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42197065/
- Dias et al., 2026, Journal of pediatrics. Clinical practice https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41438911/
Preguntas frecuentes
¿Las grietas en el pezón desaparecen solas si aguanto unos días?
Sin corregir el agarre, no desaparecen: el pezón sigue traumatizándose en cada toma. Con un agarre correcto, la mayoría mejoran en 48-72 horas.
¿Puedo seguir dando el pecho con grietas?
Sí, salvo que exista una infección activa que requiera valoración médica; en ese caso tu matrona te orientará sobre cómo continuar de forma segura.
¿La lanolina cura las grietas?
La lanolina alivia el dolor y mantiene la zona hidratada, pero no trata la causa. Sin corregir el agarre, las grietas volverán en cada toma.
¿El frenillo del bebé puede causar grietas?
Sí: un frenillo lingual o labial corto limita el movimiento de la lengua y altera el agarre, generando el mismo patrón de trauma que un mal agarre funcional.
¿Cuándo debo consultar con la matrona o con una especialista en lactancia?
Desde el primer día si el dolor persiste tras recolocar al bebé, si aparecen signos de infección o si tienes dudas sobre el agarre: no esperes a que empeore.
¿Las pezoneras solucionan las grietas?
Pueden dar alivio puntual, pero no corrigen el problema de fondo y a veces dificultan la transferencia de leche; úsalas solo bajo supervisión de tu matrona.
Este contenido ha sido elaborado con asistencia de IA. No sustituye el consejo individualizado de tu matrona o médico.
Contenido elaborado con asistencia de IA · Tecnología de Yuniax.ai
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