Saltar al contenido principal
Qué siente tu bebé en el útero durante el tercer trimestre

Qué siente tu bebé en el útero durante el tercer trimestre

24 Oct 2026 · Embarazo· 18 min de lectura

Cuando pones la mano sobre tu barriga y notas ese codazo en mitad de la noche, probablemente te preguntas qué está haciendo ahí dentro. ¿Juega? ¿Se aburre? ¿Te escucha? Las preguntas sobre la vida sensorial del bebé antes de nacer son de las más apasionantes que me plantean las familias en consulta, y la ciencia lleva décadas acumulando respuestas que, leídas juntas, forman una imagen fascinante. En este artículo vamos a recorrer, semana a semana de ese tercer trimestre, qué oye, saborea, toca, ve y siente tu bebé. No especulaciones, sino lo que la investigación perinatal nos permite afirmar hoy con razonable certeza.


El útero no es silencioso: el mundo sonoro del bebé

Una de las ideas más extendidas es que el útero actúa como una cámara insonorizada. Nada más lejos de la realidad. El ambiente intrauterino es sorprendentemente ruidoso: el latido de tu corazón, el tránsito intestinal, el flujo de sangre en los vasos placentarios y uterinos crean un paisaje sonoro constante de entre 70 y 90 decibelios, similar al de una calle concurrida.

Sobre ese fondo de «música de fondo» corporal se superponen los sonidos del exterior, aunque atenuados y filtrados por las capas de tejido, líquido amniótico y pared uterina. Las frecuencias graves pasan con mucho menos pérdida que las agudas, de modo que lo que llega al bebé es una versión algo más grave y envuelta del mundo acústico exterior.

¿Desde cuándo importa todo esto? La cóclea alcanza una madurez funcional en torno a la semana 24-25, y hacia la semana 26-28 el arco reflejo auditivo está lo bastante consolidado como para que el bebé mueva los ojos, parpadee o cambie de postura en respuesta a un sonido externo intenso. Desde ese momento, el mundo sonoro empieza a dejar huella.

La voz que más llega, y con ventaja, es la tuya. A diferencia de las voces externas, la voz materna viaja en parte a través de la conducción ósea: el sonido recorre los huesos y los tejidos del cuerpo de una manera mucho más directa, de modo que tu bebé la recibe amplificada y con mayor riqueza de matices. Los recién nacidos muestran preferencia por la voz de su madre frente a la de otras mujeres desde las primeras horas de vida, lo que indica un aprendizaje auditivo intrauterino previo al nacimiento. Es decir, ya te conoce antes de verte. (DeCasper et al., 1980, Science (New York, N.Y.))

Esto tiene implicaciones preciosas y muy prácticas: hablar con tu bebé, leerle en voz alta o cantarle no es una extravagancia, es estimulación sensorial real. Y la voz del otro progenitor, si está presente con frecuencia, también deja su impronta, aunque con menor ventaja acústica que la tuya.

Más aún: los fetos expuestos repetidamente a una melodía o historia durante el embarazo muestran respuestas de reconocimiento medibles tras el nacimiento. Se han diseñado estudios en los que se leía el mismo cuento cada día durante las últimas semanas de embarazo y, al nacer, los bebés cambiaban su patrón de succión al escuchar esa historia frente a una desconocida. Esto nos habla de una memoria auditiva que funciona antes del nacimiento.

Un matiz importante: no hace falta comprar ningún dispositivo de «estimulación prenatal» ni colocarte auriculares en la barriga. El sonido de tu propia voz, del entorno cotidiano y de la música que disfrutas en tu día a día es más que suficiente. Los aparatos que envían sonido directamente al útero a alta intensidad pueden resultar molestos e incluso perjudiciales para un sistema auditivo todavía en desarrollo.


Tocar el mundo desde dentro: el sentido del tacto fetal

El tacto es, evolutivamente, uno de los sentidos más antiguos, y el bebé lo desarrolla antes que cualquier otro. Los receptores táctiles de la piel aparecen desde el primer trimestre, y en el tercer trimestre la sensibilidad táctil está plenamente operativa en prácticamente toda la superficie corporal.

Dentro del útero, el bebé está constantemente en contacto con algo: las paredes uterinas, el cordón umbilical, sus propias manos y pies, y el líquido amniótico que lo envuelve a temperatura constante de unos 37 grados. No es un entorno de flotación libre; hay textura, presión y movimiento.

Los estudios de ecografía 4D han revelado comportamientos táctiles muy sofisticados. El bebé se toca la cara con regularidad, y lo hace de maneras distintas según el contexto: se lleva la mano a la boca, se frota los ojos, explora su propia nariz. Estas conductas no son aleatorias; muestran una organización motora que va creciendo en complejidad conforme avanza el tercer trimestre.

Cuando tú te masajeas la barriga o aplicas presión suave sobre ella, es muy probable que el bebé lo perciba y responda. Muchas familias lo experimentan: al tocar un punto donde sobresale un pie o un codo, el bebé lo retira o lo presiona de vuelta. Esa interacción, tan sencilla, es ya comunicación táctil real.

La temperatura también es un estímulo táctil relevante. Aplicar algo frío o cálido sobre la barriga puede provocar una respuesta de movimiento. No se trata de un juego inocuo que deba hacerse de forma prolongada, pero sí ilustra que el sistema sensorial del bebé está activo y respondiendo al entorno.

Y luego están los movimientos fetales en sí. En el tercer trimestre, el bebé alterna ciclos de sueño y vigilia de entre 20 y 40 minutos. Durante la vigilia, sus movimientos son exploratorios y cada vez más coordinados. Notar esos movimientos es importante no solo como experiencia de vínculo, sino clínicamente: una reducción brusca o ausencia de movimientos habituales es señal de consultar con tu matrona o acudir a urgencias obstétricas sin esperar. No hay que contar movimientos de forma obsesiva, pero sí conocer el patrón habitual de tu bebé y actuar rápido si algo cambia.


El sabor del líquido amniótico: cómo aprende a comer antes de nacer

Sigue leyendo
Para ti
🤰

Método MAI® — Tu preparación al parto online

El curso online más completo de preparación al parto, creado por Diana Martínez, matrona. Llega a tu parto informada, preparada y segura — a tu ritmo, desde casa.

  • ✓ Curso completo de embarazo y parto
  • ✓ Meditaciones Mindmum®
  • ✓ Acceso de por vida
  • ✓ Comunidad de mamás
Descubre el Método MAI®

Uno de los datos más sorprendentes de la fisiología fetal es que el bebé traga líquido amniótico de forma activa y progresivamente mayor en el tercer trimestre. En las últimas semanas puede llegar a ingerir entre 500 y 1.000 mililitros al día. Esto no es un accidente; es parte fundamental del desarrollo digestivo y renal, y también de la maduración del sentido del gusto.

Las papilas gustativas aparecen ya en el primer trimestre, pero en el tercer trimestre están completamente formadas y conectadas al sistema nervioso central. Y aquí viene lo fascinante: el líquido amniótico no es neutro. Su composición química cambia según lo que comes, porque los compuestos aromáticos y los sabores de los alimentos pasan a tu sangre, cruzan la placenta y acaban modificando el sabor y el olor del líquido amniótico.

Los sabores presentes en el líquido amniótico modulan las preferencias gustativas del recién nacido tras el parto. Los estudios muestran que los bebés de madres que consumían regularmente zanahoria, vainilla, ajo u otros sabores intensos durante el embarazo mostraban una mayor aceptación de esos sabores en las primeras semanas de vida, en comparación con los bebés de madres que no los habían consumido. (Ustun et al., 2023, PloS one) El aprendizaje gustativo empieza, literalmente, antes de nacer.

Esto tiene una implicación práctica muy hermosa: una alimentación variada durante el embarazo es, entre otras cosas, una forma de ampliar el repertorio de sabores de tu bebé antes de que llegue a la cuchara. No es necesario comer nada que no te apetezca, pero sí tiene sentido disfrutar de la diversidad culinaria sin miedo.

El olfato está estrechamente ligado al gusto, y el sistema olfativo fetal también es funcional en el tercer trimestre. Los recién nacidos reconocen el olor del líquido amniótico propio y muestran preferencia por él frente al de otro bebé, lo que sugiere que ese olor les resulta familiar y tranquilizador. Por eso algunos profesionales recomiendan no lavar de forma agresiva al bebé nada más nacer: mantener algo de su propio «olor de origen» puede facilitar la transición al mundo exterior.


¿Puede ver algo dentro del útero?

El útero no es completamente oscuro. La pared uterina y abdominal deja pasar cierta cantidad de luz, especialmente si hay luz solar intensa o artificial muy brillante. Lo que percibe el bebé es, a lo sumo, una luminosidad difusa, rojiza, sin forma definida.

Los ojos del bebé permanecen cerrados hasta aproximadamente la semana 26-28, momento en que empieza a abrirlos y a ejercitar los movimientos oculares. En el tercer trimestre, la retina está en desarrollo pero funcional, y el bebé reacciona ante un estímulo luminoso intenso moviendo la cabeza o los párpados.

El sistema visual es, sin embargo, el sentido menos desarrollado en el momento del nacimiento. La visión fetal intrauterina es mínima: no hay nada que ver con detalle, la luz es tenue y la retina todavía está completando su maduración. El auténtico aprendizaje visual ocurre después del nacimiento, con la exposición al rostro de sus cuidadores, a los contrastes y a la luz del mundo exterior.

Esto explica por qué los recién nacidos enfocan mejor a unos 20-30 centímetros de distancia, que es aproximadamente la distancia entre su cara y la de quien les da el pecho o el biberón: su sistema visual está calibrado para ese primer encuentro cara a cara, no para la vida intrauterina.


El sistema nervioso en plena construcción: dolor, placer y estados emocionales

Una pregunta que surge con frecuencia, especialmente cuando se habla de procedimientos invasivos o de las condiciones del parto, es si el bebé puede sentir dolor dentro del útero.

La respuesta honesta es matizada. Para que exista una experiencia consciente del dolor, no basta con tener receptores de nocicepción (los sensores del daño tisular): se necesita que esos receptores estén conectados con la corteza cerebral a través de vías funcionales, y que la corteza tenga la capacidad de procesar esa señal. Las estructuras necesarias para procesar el dolor no maduran plenamente hasta pasada la semana 28-30; antes de ese momento el feto no tiene la red cortical necesaria para experienciarlo como tal.

Sin embargo, a partir de la semana 28-30 hay argumentos fisiológicos para considerar que el sistema puede estar generando experiencias sensoriales rudimentarias. No sabemos con certeza si existe un correlato subjetivo, porque la ciencia no tiene aún herramientas para acceder a la experiencia consciente del feto desde fuera. Lo que sí sabemos es que el sistema nervioso fetal en el tercer trimestre es extremadamente sensible al entorno hormonal, a la composición del líquido amniótico y a los cambios en el flujo sanguíneo.

¿Y el placer o el bienestar? Los comportamientos observados en ecografía sugieren que el bebé tiene estados de «calma» y estados de «activación». Succiona repetidamente, se abraza, se mueve rítmicamente. Muchos investigadores interpretan estas conductas como autorregulación, el equivalente intrauterino de buscar comodidad, aunque proyectar categorías emocionales adultas sobre el feto es siempre una simplificación que hay que hacer con cautela.


Lo que tus emociones le transmiten: estrés, cortisol y conexión

Aquí es donde más mitología se acumula, así que vamos por partes.

Tu bebé no comparte tus pensamientos ni tus emociones de forma directa. No existe ningún cable neuronal entre tu sistema nervioso y el suyo. Lo que sí existe es una conexión bioquímica muy real a través de la placenta: las hormonas que produces en respuesta al estrés, entre ellas el cortisol, pueden atravesar la barrera placentaria y llegar al bebé.

La exposición prenatal a estrés materno crónico se asocia a alteraciones en el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal del feto, lo que puede influir en su posterior respuesta al estrés una vez nacido. (O’Donnell et al., 2009, Developmental neuroscience) Esta asociación está documentada en la literatura científica y es relevante desde el punto de vista de la salud pública. Sin embargo, hay dos matices esenciales que nunca debes perder de vista.

El primero: la palabra clave es «crónico». El estrés puntual, el agobio de un día difícil, un susto, una discusión o un período de tristeza pasajero no tienen el mismo efecto que el estrés sostenido semana tras semana. Tu cuerpo tiene mecanismos de regulación hormonal que protegen al bebé de fluctuaciones normales. No tienes que estar feliz las veinticuatro horas para proteger a tu bebé: eso sería exigirte algo imposible y, de paso, añadir más estrés.

El segundo matiz: la causalidad es mucho más compleja de lo que a veces se simplifica en redes sociales. Los estudios observacionales no pueden separar con facilidad el efecto del cortisol del de otros factores que acompañan al estrés crónico (peor alimentación, menos sueño, menor acceso a apoyo social, contextos de violencia o pobreza). Atribuir todo el resultado al estado de ánimo materno es, además de científicamente inexacto, injusto.

Lo que sí tiene sentido es cuidar tu bienestar emocional durante el embarazo, no como una obligación hacia tu bebé, sino como un derecho tuyo. El descanso, el movimiento, el contacto social, tener con quién hablar de cómo te sientes, son herramientas de autocuidado que merecen espacio en tu vida, y no porque «el bebé lo necesite», sino porque tú lo mereces.

Si atraviesas momentos de tristeza sostenida, ansiedad que no cede o sensación de agobio que no desaparece, habla con tu matrona en la próxima visita. Es más frecuente de lo que se reconoce abiertamente, y hay acompañamiento disponible. No tienes que gestionar sola lo que sientes.


Ritmos y sincronía: cómo se sincronizan el bebé y tú

En el tercer trimestre, los ciclos de sueño y vigilia del bebé empiezan a adquirir un patrón propio, aunque todavía bastante irregular comparado con los de un recién nacido. Estos ciclos no están al margen de los tuyos: hay evidencia de que el ritmo circadiano materno, que está regulado principalmente por la luz y la temperatura corporal, influye en la organización temporal de los estados del feto.

Esto explica por qué muchas gestantes notan que el bebé se mueve más por la tarde-noche: durante el día, el movimiento rítmico de la marcha actúa como un arrullo que favorece el sueño fetal. Al detenerte por la noche, el bebé «se despierta».

También hay una sincronía más íntima que está siendo objeto de investigación: los estudios que registran simultáneamente la frecuencia cardíaca materna y la fetal muestran que existe cierto grado de acoplamiento entre ambas, especialmente cuando hay contacto físico directo. No es telepatía, es fisiología compartida: lleváis meses en el mismo cuerpo.

Esta sincronía tiene implicaciones hermosas para el período justo después del nacimiento. El contacto piel con piel en el momento del parto no es solo un gesto de bienvenida emocional; es la continuación de una conversación fisiológica que empezó hace meses. La temperatura corporal, el olor, el latido del corazón que el bebé ya conoce: todo eso ayuda a la transición al mundo extrauterino de una manera que ningún calentador radiante puede replicar.


📚 Evidencia científica

La investigación sobre la vida sensorial del feto ha avanzado considerablemente en las últimas décadas, apoyada en técnicas de ecografía de alta resolución, registro de frecuencia cardíaca fetal y estudios con recién nacidos.

En el ámbito auditivo, el trabajo de DeCasper y Fifer, publicado ya en los años ochenta en Science, estableció por primera vez de forma experimental que los recién nacidos prefieren la voz de su madre, apuntando a un aprendizaje intrauterino. Décadas después, el grupo de Partanen y colaboradores, en un estudio de 2013 publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, demostró mediante electroencefalografía que los bebés reconocen después del nacimiento estímulos de voz a los que habían sido expuestos repetidamente durante el embarazo.

En el terreno del gusto y el olfato prenatal, la investigación de Mennella y colaboradores, publicada en Pediatrics en 2001, fue la que más claramente vinculó la dieta materna con las preferencias del recién nacido: los bebés cuyas madres consumían zumo de zanahoria regularmente durante el embarazo o la lactancia mostraban mayor aceptación de ese sabor en los primeros alimentos.

Sobre el impacto del estrés materno en el desarrollo fetal, la revisión de Glover, publicada en 2014 en Neuroscience and Biobehavioral Reviews, sintetizó la evidencia disponible sobre la programación fetal del eje del estrés y subrayó tanto el efecto real del cortisol crónico como la importancia de no medicalizar ni culpabilizar las emociones normales del embarazo.


Lo que puedes hacer hoy: ideas con base científica

Conocer la vida sensorial de tu bebé no es solo información curiosa; puede transformar la manera en que vives estas últimas semanas de embarazo. Aquí van algunas ideas que tienen respaldo en lo que hemos visto:

Habla y canta con tu bebé. No tienes que esperar a que nazca para presentarte. Tu voz llega, es reconocible y deja huella. Puedes contarle lo que estás haciendo, leerle en voz alta algo que a ti te guste o cantarle una canción que quieras que le resulte familiar después.

Come con variedad. No porque tengas que «programar» los gustos de tu hijo, sino porque una alimentación rica y variada te beneficia a ti, y de paso le presenta una paleta de sabores antes de que llegue la papilla.

Presta atención al patrón de movimientos. No hace falta contar golpes con un reloj; basta con conocer cuándo suele estar más activo tu bebé y estar atenta a cambios. Si notas una reducción llamativa, llama a tu matrona o acude a urgencias obstétricas.

Cuida tu descanso y tu entorno emocional. No para ser la «madre perfecta», sino porque lo mereces. Delega, pide ayuda, pon límites a lo que te genera tensión continua. Si el agobio se sostiene en el tiempo, cuéntaselo a tu matrona: existe apoyo especializado.

Disfruta del contacto físico con tu barriga. El masaje suave, la presión de tu mano, hablar mientras la acaricias son formas sencillas y gratuitas de interacción que, probablemente, tu bebé percibe.


Prepararte para el encuentro

Todo lo que hemos recorrido en este artículo apunta a algo que me parece fundamental: el vínculo no empieza en el paritorio. Empieza mucho antes, en esas semanas en las que tu bebé ya escucha, ya saborea, ya se mueve hacia tu mano. Cuando llegue el momento del parto, no será un desconocido. Habrá pasado meses aprendiendo quién eres.

Entender esto cambia también cómo se vive el tercer trimestre. No como una sala de espera hasta el momento de dar a luz, sino como el primer capítulo de una historia que ya está en marcha.

Si quieres profundizar en cómo prepararte para ese encuentro, en cómo vivirás el parto y en el papel que puede tener tu pareja en ese proceso, en mi web encontrarás más recursos sobre preparación al parto. Conocer lo que le espera a tu bebé en esa transición al mundo exterior puede ser tan revelador como lo que has leído hoy sobre su vida dentro del útero.

Nos vemos en el siguiente artículo.

Diana

📚 Bibliografía

Preguntas frecuentes

¿Desde qué semana empieza a oír el bebé dentro del útero?

La vía auditiva está suficientemente madura hacia la semana 26-28 para que el bebé perciba y reaccione a sonidos externos.

¿Puede el bebé sentir dolor antes de nacer?

Las estructuras necesarias para procesar el dolor no maduran plenamente hasta pasada la semana 28-30; antes de ese momento el feto no tiene la red cortical necesaria para experienciarlo.

¿Reconoce el bebé la voz de su madre antes de nacer?

Sí. La voz materna llega amplificada a través del cuerpo y los estudios muestran que los recién nacidos prefieren y reconocen la voz de su madre desde el primer día.

¿Influye lo que como durante el embarazo en el gusto del bebé?

Sí. Los sabores de lo que comes pasan al líquido amniótico y el bebé los ingiere; esto influye en sus preferencias gustativas tras el nacimiento.

¿Siente el bebé mis emociones en el tercer trimestre?

El bebé no comparte tus emociones directamente, pero las hormonas del estrés crónico atraviesan la placenta y pueden influir en su desarrollo; el estrés puntual no supone un riesgo.

¿Para qué sirven los movimientos fetales en el tercer trimestre?

Los movimientos son señal de bienestar fetal. Si percibes una reducción brusca o ausencia de movimientos, contacta con tu matrona o el servicio de urgencias obstétricas sin esperar.

Powered by yuniax.ai

Qué siente tu bebé en el útero durante el tercer trimestre

Contenido elaborado con asistencia de IA · Tecnología de Yuniax.ai

Sigue leyendo
Para ti
🤰

Método MAI® — Tu preparación al parto online

El curso online más completo de preparación al parto, creado por Diana Martínez, matrona. Llega a tu parto informada, preparada y segura — a tu ritmo, desde casa.

  • ✓ Curso completo de embarazo y parto
  • ✓ Meditaciones Mindmum®
  • ✓ Acceso de por vida
  • ✓ Comunidad de mamás
Descubre el Método MAI®

¿Quieres a Diana acompañándote en persona?

La Mentoría MAI es el Método MAI® con el acompañamiento personal de Diana durante todo el proceso.

Descubre la Mentoría MAI →

🎁 Guía Gratuita de Cuidados en el Embarazo

Descarga mi Guía de Cuidados en el Embarazo gratuita y empieza a vivir tu maternidad con la confianza que te mereces.

Quiero mi Guía Gratis

🔒 Sin spam. Puedes darte de baja en cualquier momento.

📚 Artículos relacionados

Me llamo Diana y voy a cambiar el mundo

Me llamo Diana y voy a cambiar el mundo

Semana 19 de Embarazo: Los Cinco Sentidos se Desarrollan

Semana 19 de Embarazo: Los Cinco Sentidos se Desarrollan

Viajar Embarazada: Guía Completa para Hacerlo con Seguridad

Viajar Embarazada: Guía Completa para Hacerlo con Seguridad

Semana 18 de Embarazo: Tu Bebé ya te Oye

Semana 18 de Embarazo: Tu Bebé ya te Oye

←
Anterior Embarazo semana a semana: guía completa de una matrona
← Volver al blog
Escuela MAI
Consulta Blog 🤰 Calculadora
Sobre Diana
Libro
📘 Guía Gratis 👩‍🎓 Acceso Alumnas