Hay una consulta que se repite semana tras semana en mi trabajo: una mamá agotada, con los pezones doloridos después de días intentando amamantar, que me dice que algo no funciona pero que no sabe exactamente qué. El bebé se engancha, mama un rato, se suelta, vuelve a intentarlo. Las tomas duran una hora. El pecho duele. Y la sensación de que «no tengo leche» empieza a instalarse, aunque la leche esté ahí. Cuando valoro al bebé y observo cómo mueve la lengua al mamar, muchas veces la respuesta está justo debajo: el frenillo lingual.
El frenillo lingual es una de las causas más frecuentes de dificultades en la lactancia durante las primeras semanas de vida, y sin embargo sigue siendo una de las más infradiagnosticadas. O se detecta tarde, cuando la mamá ya está al límite. O se sobrediagnostica, y se interviene en bebés cuyo frenillo no estaba afectando realmente a la lactancia. Ninguna de las dos situaciones es buena para nadie.
En este artículo quiero explicarte con calma qué es exactamente el frenillo lingual, por qué puede afectar a la lactancia, cómo se valora correctamente, cuándo está indicada la intervención y cómo puedes apoyar la lactancia en todo este proceso. Porque lo que más me importa es que tomes decisiones informadas, no desde el miedo ni desde la desesperación, sino con criterio clínico a tu lado.
Qué es el frenillo lingual y qué es la anquiloglosia
El frenillo lingual es una membrana o pliegue de tejido que une la cara inferior de la lengua al suelo de la boca. Todos los bebés tienen frenillo: es una estructura normal. El problema aparece cuando ese frenillo es demasiado corto, grueso o rígido, limitando la movilidad de la lengua. Esto es lo que se denomina anquiloglosia, del griego ankylos (unido) y glossa (lengua).
La anquiloglosia no es algo raro ni excepcional. Según diversas revisiones publicadas en los últimos años, su prevalencia se estima entre un 4 y un 11 % de los recién nacidos, con variaciones según los criterios diagnósticos utilizados y la formación del profesional que realiza la valoración. (González et al., 2014, Anales de pediatria (Barcelona, Spain : 2003)) Esto significa que en cualquier sala de partos, en cualquier semana, hay bebés naciendo con este frenillo restrictivo que puede dificultar la lactancia materna.
Existen diferentes clasificaciones de la anquiloglosia. La más utilizada clínicamente es la de Hazelbaker, que valora tanto el aspecto del frenillo como la funcionalidad de la lengua. También se usa la clasificación de Coryllos, que distingue cuatro tipos según la localización e inserción del frenillo. Lo importante que debes saber es que el tipo anatómico no siempre predice el impacto funcional: hay frenillos que visualmente parecen muy restrictivos y permiten una lactancia completamente normal, y hay otros que visualmente parecen moderados y que están generando un daño real en el pezón y una ingesta insuficiente en el bebé. Por eso, la valoración funcional —cómo mueve realmente la lengua el bebé al mamar— siempre tiene más peso clínico que la foto del frenillo.
En consulta lo explico así a las mamás: imagina intentar lamer un helado con la lengua pegada al suelo de la boca. Puedes abrir la boca, pero no puedes proyectar la lengua hacia arriba ni hacia delante con libertad. Eso mismo le ocurre al bebé cuando intenta mamar: necesita elevar la lengua, ondularla, presionar el pecho de forma rítmica para extraer la leche. Si el frenillo se lo impide, el agarre será superficial, doloroso para ti y poco efectivo para él.
Cómo afecta el frenillo lingual a la lactancia materna
La lengua es el órgano protagonista de la succión. Para mamar bien, el bebé necesita abrir la boca con amplitud, proyectar la lengua más allá del labio inferior, cubrir buena parte de la areola —no solo el pezón— y realizar movimientos ondulatorios de la lengua que generen presión negativa y expriman el tejido mamario de forma rítmica. Cuando el frenillo restringe estos movimientos, toda esa mecánica se ve comprometida.
¿Qué señales te pueden indicar que el frenillo puede estar afectando a la lactancia? Hay signos que aparecen en la madre y signos que aparecen en el bebé, y es importante conocer ambos.
En la madre suelen aparecer: grietas en el pezón desde los primeros días que no mejoran a pesar de corregir la postura; dolor intenso durante toda la toma —no solo al inicio—; sensación de que el bebé «mastica» o aprieta el pezón en lugar de mamar; ingurgitación mamaria persistente porque el bebé no drena bien el pecho; mastitis de repetición; y una percepción de baja producción de leche que en realidad responde a un vaciado insuficiente.
En el bebé los signos más frecuentes son: agarre superficial que se pierde una y otra vez durante la toma; ruidos de chasquido al mamar (el bebé pierde el sello y entra aire); tomas muy largas que acaban con un bebé que sigue llorando; deglución de mucho aire que genera cólicos y regurgitaciones frecuentes; aumento de peso lento o insuficiente en las primeras semanas; y un bebé que parece constantemente hambriento o irritable.
Es fundamental entender que ninguno de estos signos, por sí solo, confirma el diagnóstico de anquiloglosia. Muchas de estas dificultades pueden tener otras causas: postura inadecuada, producción de leche baja real, reflejo de eyección muy fuerte, o simplemente un período de adaptación normal. Por eso la valoración profesional es imprescindible antes de tomar cualquier decisión.
Cómo se valora el frenillo lingual: más allá del aspecto visual
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Uno de los errores más habituales que veo —y que me genera más preocupación— es diagnosticar o descartar un frenillo problemático solo mirando la boca del bebé sin observar una toma completa. El frenillo lingual no se valora con una foto: se valora en contexto.
Una evaluación completa del frenillo lingual en el contexto de la lactancia debe incluir, como mínimo: la historia clínica de la lactancia (desde cuándo hay dificultades, qué síntomas tiene la madre, cómo está la curva de peso del bebé); la observación de una toma completa, desde el inicio del enganche hasta que el bebé suelta el pecho espontáneamente; la exploración de la boca del bebé —tanto estática como en movimiento, valorando la elevación y la protrusión de la lengua—; y la aplicación de una herramienta de valoración estandarizada, como la escala de Hazelbaker o el protocolo TABBY.
La escala de Hazelbaker, por ejemplo, valora diez ítems: cinco de aspecto (apariencia del frenillo al elevar la lengua, elasticidad, longitud, inserción en la lengua e inserción en el suelo de la boca) y cinco de función (lateralización, elevación, extensión, peristaltismo y succión). Es una herramienta validada que ayuda a objetivar lo que el clínico observa, aunque siempre debe interpretarse en el contexto de los síntomas reales de la díada madre-bebé.
Lo que quiero que te quedes es esto: no vayas a una consulta donde te miren el frenillo del bebé durante treinta segundos y te digan «hay que cortarlo» o «no hay que cortarlo». Busca un profesional —matrona, pediatra o cirujano pediátrico con formación específica— que observe la toma, que hable contigo de cómo estás, que evalúe la funcionalidad real de la lengua de tu bebé. Esa valoración integral es la única que merece la pena.
📚 Evidencia científica
El impacto del frenillo lingual sobre la lactancia materna ha sido objeto de investigación creciente en los últimos años, aunque la evidencia disponible todavía presenta limitaciones metodológicas importantes —fundamentalmente la falta de consenso en los criterios diagnósticos y en las herramientas de valoración utilizadas entre los diferentes estudios.
Una revisión sistemática publicada en Maternal and Child Nutrition en 2019 analizó la asociación entre anquiloglosia y dificultades en la lactancia, concluyendo que existe evidencia consistente de que el frenillo restrictivo se asocia a dolor en el pezón, grietas y menor duración de la lactancia materna. (Cordray et al., 2023, Acta paediatrica (Oslo, Norway : 1992)) Los autores señalaban, sin embargo, la necesidad de estandarizar los criterios diagnósticos para poder comparar estudios de forma válida.
En cuanto a la frenotomía, la revisión de la Cochrane de 2017 sobre tratamiento quirúrgico de la anquiloglosia analizó los ensayos disponibles y encontró que la frenotomía produjo mejoras inmediatas en el dolor materno y en la eficacia de la succión del bebé en la mayoría de los estudios incluidos, aunque los autores destacaban la baja calidad metodológica de los ensayos y la necesidad de más investigación con seguimiento a largo plazo.
La Academia Americana de Medicina de la Lactancia (ABM) publicó en 2020 un protocolo clínico específico sobre anquiloglosia que recomienda la valoración funcional como criterio central para la indicación quirúrgica, y subraya que la frenotomía debe ir siempre acompañada de apoyo especializado en lactancia antes y después del procedimiento. Esta es, precisamente, la práctica que defiende la evidencia disponible: la intervención no es el final del proceso, sino una parte de él.
La frenotomía: en qué consiste, cuándo está indicada y qué esperar
La frenotomía lingual es el procedimiento quirúrgico mediante el cual se secciona el frenillo restrictivo para liberar la movilidad de la lengua. En recién nacidos y bebés pequeños, suele realizarse de forma ambulatoria, con anestesia local tópica o sin ella (el frenillo en bebés muy pequeños tiene escasa inervación), con tijeras estériles o láser, y en muchos centros el bebé puede ir directamente al pecho después del procedimiento.
La indicación de la frenotomía no es automática: se indica cuando el frenillo está comprometiendo de forma demostrable la lactancia materna y cuando los ajustes posturales y el apoyo de lactancia no han sido suficientes para resolver las dificultades. Es decir, antes de llegar a la frenotomía, debería haberse intentado optimizar la técnica de lactancia con apoyo especializado. A veces eso es suficiente. Otras veces no, y ahí es donde la frenotomía tiene un papel claro.
En consulta veo muchas mamás que llegan después de semanas de dolor intenso, que han probado todas las posiciones, que han mejorado el agarre todo lo que han podido, y que siguen con grietas que no cicatrizan. Cuando la valoración confirma una anquiloglosia funcionalmente significativa, la frenotomía suele cambiar la situación de forma bastante rápida. No es una varita mágica —sigue siendo necesario el trabajo posterior— pero puede marcar la diferencia entre continuar y tener que abandonar la lactancia.
¿Qué esperar después de la frenotomía? El bebé puede estar irritable las primeras horas por las molestias locales. Es normal. En los días siguientes, la mejora en el agarre suele ser progresiva: la lengua necesita aprender a moverse con mayor libertad, y a veces se recomiendan ejercicios de estiramiento de la zona intervenida para evitar que cicatrice de nuevo. El seguimiento postoperatorio con apoyo de lactancia es fundamental para consolidar los beneficios del procedimiento.
Qué puedes hacer mientras esperas la valoración
Si sospechas que el frenillo puede estar afectando a la lactancia de tu bebé y estás esperando cita para una valoración, hay cosas que puedes hacer para proteger la lactancia en el ínterin.
Lo primero es asegurarte de que el vaciado del pecho sea suficiente. Si el bebé no está drenando bien, el pecho puede reducir la producción. Extrae leche —a mano o con sacaleches— después de las tomas en las que el bebé haya mamado poco o se haya soltado muy pronto. Esa leche puedes ofrecérsela en jeringa o en cucharilla si el bebé necesita aporte extra.
Lo segundo es cuidar el pezón. Las grietas con un frenillo restrictivo pueden ser muy dolorosas. Aplica tu propia leche sobre el pezón al final de cada toma —tiene propiedades cicatrizantes y antibacterianas—, déjalo al aire siempre que puedas y consulta si necesitas algún apoyo adicional para la cicatrización. En algunos casos, las pezoneras pueden ser un recurso temporal que ayuda a que el bebé mantenga el pecho mientras se resuelve la situación, aunque su uso debe valorarse individualmente.
Lo tercero —y quizás lo más importante— es buscar apoyo de alguien con formación específica en lactancia. No para que te digan «sí o no» sobre el frenillo, sino para que te ayuden a optimizar todo lo que está en vuestra mano mientras llegáis a la valoración. Puedes explorar los recursos disponibles en la sección de lactancia de mi blog.
El papel de la familia y el entorno en estos momentos
Quiero dedicar un momento a hablar de algo que no aparece en los artículos científicos pero que veo cada semana en consulta: el agotamiento emocional de las mamás que están lidiando con un frenillo no diagnosticado o no tratado. Semanas de tomas dolorosas, de noches sin dormir, de sentirte sola en algo que todo el mundo dice que «debería ser natural».
La lactancia con un frenillo restrictivo no diagnosticado es agotadora. Y muchas veces la mamá llega a mi consulta pidiendo disculpas por querer dejarlo, por estar al límite. No hay nada que justificar. El dolor persistente, la sensación de que algo no funciona y la falta de apoyo son razones más que suficientes para estar al límite.
Lo que sí me importa es que, si hay un frenillo de por medio, tomemos la decisión de forma informada: sabiendo qué está pasando, habiendo explorado las opciones, sin presión de nadie. A veces la frenotomía permite continuar con una lactancia que la mamá deseaba. Otras veces, la mamá decide pasar a lactancia mixta o lactancia artificial habiendo agotado todas las opciones, y eso también es una decisión legítima y respetable.
El entorno tiene un papel importante: la pareja, los familiares cercanos, las amigas. Si estás acompañando a una mamá que está pasando por esto, lo más valioso que puedes hacer no es opinar sobre si hay que operar o no. Es estar. Traerle algo de comer. Quedarte un rato con el bebé para que ella descanse. Escucharla sin juzgarla. Eso, en estos momentos, vale más que cualquier consejo.
Si quieres saber más sobre cómo sostener la lactancia en los primeros días, puedes leer también este artículo sobre los primeros días de lactancia y esta guía sobre el agarre al pecho.
Preguntas que me hacen en consulta sobre el frenillo lingual
Termino con las dudas que más me plantean las mamás cuando hablamos de este tema, porque creo que las respuestas concretas ayudan más que cualquier explicación general.
¿Se puede saber antes del parto si el bebé tendrá frenillo? No con certeza. En algunos casos puede verse en la ecografía morfológica, pero no es una exploración rutinaria y la sensibilidad no es alta. La valoración se hace siempre después del nacimiento.
¿El frenillo se va solo con el tiempo? Algunos frenillos se estiran de forma natural a medida que el bebé crece y empieza a comer sólidos. Pero si está comprometiendo la lactancia ahora, esperar no es siempre la mejor estrategia. La lactancia tiene una ventana de tiempo, y las dificultades no resueltas pueden llevar al abandono precoz.
¿Duele la frenotomía al bebé? En bebés muy pequeños, el frenillo tiene poca inervación y el procedimiento suele tolerarse bien. El bebé puede llorar más por la inmovilización durante el procedimiento que por el corte en sí. La mayoría vuelven al pecho inmediatamente después y se calman.
¿Cuánto tarda en notarse la mejoría después de la frenotomía? Varía. Algunas mamás notan cambios inmediatos en el agarre y en el dolor. Otras necesitan unos días o semanas de trabajo con apoyo de lactancia para que la lengua reeduque su movimiento. La paciencia y el acompañamiento posterior son clave.
El frenillo lingual es un tema que requiere información clara, valoración individualizada y acompañamiento real. No existe un «en todos los casos hay que operar» ni un «nunca hace falta». Lo que existe es tu bebé, tu lactancia y una valoración que tiene que hacerse con tiempo y criterio. Cuéntame en comentarios si has pasado por esto: me ayuda mucho saber qué dudas tenéis para poder seguir escribiendo sobre lo que de verdad os importa.
Recuerda: este contenido es informativo. Consulta siempre con tu matrona o ginecólogo/a ante cualquier duda sobre tu situación particular.
📚 Bibliografía
- González et al., 2014, Anales de pediatria (Barcelona, Spain : 2003)
- Cordray et al., 2023, Acta paediatrica (Oslo, Norway : 1992)
- O’Shea JE y cols., 2017, Cochrane Database of Systematic Reviews — Frenotomy for tongue-tie in newborn infants
- Cordero Guevara J y cols., 2019, Maternal and Child Nutrition — Ankyloglossia and breastfeeding difficulties
- Academy of Breastfeeding Medicine (ABM), 2020, Breastfeeding Medicine — Clinical Protocol on Ankyloglossia
- Hazelbaker AK, 1993, criterios de valoración funcional del frenillo lingual — herramienta ATLFF
- Francis DO y cols., 2015, JAMA Otolaryngology — Frenotomy for ankyloglossia and breastfeeding outcomes
Preguntas frecuentes
¿Cómo sé si el frenillo lingual de mi bebé está afectando a la lactancia?
Los signos más frecuentes en la madre son grietas persistentes en el pezón y dolor durante toda la toma, no solo al inicio. En el bebé puedes notar que se suelta constantemente, que hace ruidos de chasquido al mamar y que las tomas son muy largas pero no queda satisfecho. Si reconoces estos signos, pide valoración a tu matrona o a un profesional con formación específica en lactancia.
¿Todo bebé con frenillo corto necesita una operación?
No. Muchos frenillos que visualmente parecen cortos no afectan a la funcionalidad de la lengua y permiten una lactancia completamente normal. La indicación de frenotomía se basa en la valoración funcional —cómo mueve la lengua el bebé al mamar— y en los síntomas reales de la díada madre-bebé, no solo en el aspecto del frenillo.
¿La frenotomía duele mucho al bebé?
En bebés muy pequeños, el frenillo tiene escasa inervación, por lo que el procedimiento suele tolerarse bien. El llanto que aparece a veces se debe más a la inmovilización que al corte en sí. La mayoría de los bebés vuelven al pecho inmediatamente después del procedimiento y se calman con rapidez.
¿Cuánto tarda en mejorar la lactancia después de la frenotomía?
Depende de cada caso. Algunas mamás notan mejoría en el agarre y en el dolor desde las primeras tomas. Otras necesitan varias semanas de trabajo con apoyo de lactancia para que la lengua reeduque su movimiento. Por eso es fundamental el seguimiento especializado después de la intervención, no solo el procedimiento en sí.
¿Puedo hacer algo para proteger la lactancia mientras espero la valoración del frenillo?
Sí. Lo más importante es asegurar el vaciado del pecho: extrae leche después de las tomas cortas para mantener la producción. Cuida el pezón con tu propia leche al final de cada toma y déjalo al aire siempre que puedas. Busca apoyo de alguien con formación en lactancia para optimizar la postura y el agarre mientras se resuelve la situación.
¿Puede el frenillo lingual causar problemas más allá de la lactancia?
Sí, aunque en la etapa de recién nacido el impacto principal suele ser sobre la lactancia. A largo plazo, un frenillo restrictivo no tratado puede dificultar la movilización de la lengua al hablar, generar problemas de articulación y afectar a la deglución con sólidos. Por eso la valoración temprana es importante, incluso si finalmente se decide no intervenir de inmediato.
Aviso médico: Este artículo es informativo y no sustituye la consulta con tu matrona, médico u otro profesional sanitario. Ante cualquier duda sobre tu salud o la de tu bebé, consulta siempre con un profesional.
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