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Matrescence: la transformación de identidad en el postparto

Matrescence: la transformación de identidad en el postparto

21 Ago 2026 · postparto· 15 min de lectura

Nadie te avisa de que después del parto puedes sentir que ya no sabes quién eres

Soy matrona y he acompañado muchos partos. Y si hay una frase que he escuchado una y otra vez en las visitas de postparto, es esta: ‘Diana, no sé qué me pasa. Debería estar bien. Tengo a mi bebé sano, estoy bien físicamente… pero no me reconozco.’

Durante mucho tiempo no teníamos una palabra para esto. Sabíamos que no era depresión postparto, porque el diagnóstico no se cumplía. Sabíamos que no era solo el baby blues de los primeros días. Era algo más profundo, más estructural, más de identidad.

Esa palabra existe. Se llama matrescence. Y es, probablemente, uno de los procesos más importantes y menos hablados de la maternidad.

En este artículo quiero explicarte qué es la matrescence, por qué importa tanto nombrarla, qué es normal sentir durante este proceso y cómo puedes atravesarlo con más recursos y menos culpa.


Qué es la matrescence: el nombre que cambia todo

El término matrescence fue acuñado en 1973 por la antropóloga y experta en lactancia Dana Raphael. Lo construyó de forma paralela a ‘adolescence’ (adolescencia) para describir la transición psicológica, física, emocional y de identidad que vive una mujer al convertirse en madre.

La idea es poderosa porque propone una analogía directa: igual que la adolescencia es un proceso de transformación profunda que dura años, tiene altibajos y reconfigura quién eres en el mundo, la matrescence es otro momento de transformación igual de radical. Solo que llega en la edad adulta, en silencio, y generalmente sin que nadie te haya avisado de lo que se viene.

La psicóloga perinatal Alexandra Sacks popularizó el concepto de nuevo en 2017 a través de un artículo en The New York Times y más tarde en una charla TED, argumentando que la ausencia de este término en el vocabulario materno causa un daño real: las mujeres interpretan sus emociones como síntomas de un problema, cuando en realidad son señales de un proceso.

Dicho en palabras sencillas: si no sabes que estás pasando por una transformación de identidad, lo que sientes te parece un error. Si sabes que estás en proceso, lo puedes sostener de otra manera.


Por qué la matrescence no es lo mismo que la depresión postparto

Esta es una de las confusiones más frecuentes, y es importante aclarla porque tienen implicaciones muy distintas.

La depresión postparto es un trastorno del estado de ánimo con criterios clínicos específicos: tristeza persistente, anhedonia (incapacidad para sentir placer), sentimientos de culpa excesivos, pensamientos negativos recurrentes, alteraciones del sueño y del apetito más allá de lo esperado en el postparto, y en algunos casos pensamientos de hacerse daño a una misma o al bebé. Aparece en torno al 10-15% de las mujeres, según datos de la Organización Mundial de la Salud, y requiere evaluación profesional y, en muchos casos, tratamiento psicológico y/o farmacológico.

La matrescence, en cambio, no es un trastorno. Es un proceso. Puede incluir emociones difíciles, confusión, sensación de extrañeza con una misma, duelo por aspectos de la vida anterior, ambivalencia sobre la maternidad… pero no alcanza el umbral de la psicopatología. Es, en esencia, lo que le pasa a la mayoría de mujeres que se convierten en madres, aunque con intensidad variable.

El problema es que cuando una mujer siente ese desconcierto y no tiene el marco de la matrescence, tiende a compararse con la ‘madre ideal’ que supuestamente debería sentirse completa y feliz, y concluye que algo está mal en ella. Esa comparación, esa culpa añadida, sí puede derivar en dificultades emocionales mayores.

Por eso dar nombre a la matrescence es, en sí mismo, terapéutico.


Qué cambios forman parte de la matrescence postparto

La matrescence no es un evento único. Es un proceso que comienza antes incluso del parto, se intensifica en el postparto inmediato y puede extenderse durante meses o años. Estos son los cambios más frecuentes que forman parte de este proceso:

Cambios en la identidad personal

Muchas mujeres describen una sensación de ‘ya no sé quién soy’ que va más allá del cansancio o del estrés. Han pasado años construyendo una identidad: su trabajo, sus amistades, sus aficiones, su forma de moverse por el mundo. De repente, todo eso queda en segundo plano de manera abrupta, y hay una nueva identidad, la de madre, que todavía no está consolidada.

Esta dualidad puede sentirse como un limbo. ‘Ya no soy la que era, pero tampoco sé bien quién soy ahora.’ Es incómodo. Y es completamente normal.

Cambios en las relaciones

Las prioridades cambian. La relación de pareja se reconfigura. Las amistades que no tienen hijos a veces se distancian. Las dinámicas familiares se reorganizan. Todo esto ocurre en un momento en el que la mujer tiene muy pocos recursos disponibles para gestionar conflictos o renegociar vínculos, porque está absorbida por el cuidado de su bebé.

En consulta veo muchas mujeres que sienten culpa por querer tiempo para ellas, o por echar de menos su vida anterior, o por sentir que la relación de pareja ‘ha cambiado para mal’. Todas estas sensaciones son parte de la reconfiguración relacional que trae la matrescence.

Cambios en la relación con el cuerpo

El cuerpo postparto no es el mismo cuerpo de antes. Ha gestado, ha parido o ha tenido una cesárea, ha sangrado, ha producido leche o ha intentado hacerlo. Las cicatrices, los cambios en la forma, la sensación de un cuerpo que ‘no reconozco del todo’ son parte de la transformación física de la matrescence.

Sin embargo, la cultura popular tiende a presentar la recuperación del cuerpo como una carrera contrarreloj (‘¡cuerpo pre-embarazo en 6 semanas!’). Ese mensaje no solo es falso desde el punto de vista fisiológico, sino que añade una presión que dificulta el proceso de aceptación e integración.

Ambivalencia sobre la maternidad

Si hay un tema tabú en la maternidad, es este: el amor materno no siempre es inmediato, ni constante, ni incondicional desde el minuto uno. La ambivalencia, es decir, sentir amor y agotamiento, gratitud y resentimiento, alegría y pérdida al mismo tiempo, es parte normal del proceso.

Recuerdo a una mamá, en su primera visita postparto a las seis semanas, que me dijo con los ojos llenos de lágrimas: ‘Quiero a mi bebé con toda mi alma, pero a veces pienso en mi vida de antes y siento una pena enorme. ¿Eso me hace mala madre?’ No. La hace humana. La ambivalencia no es incompatible con el amor. Es parte de la matrescence.


La neurociencia detrás de la matrescence: el cerebro materno también cambia

Una de las investigaciones más fascinantes de los últimos años es la que muestra que el cerebro de las madres experimenta cambios estructurales durante el embarazo y el postparto.

El estudio publicado en Nature Neuroscience por Hoekzema et al. (2017) documentó, por primera vez con neuroimagen, que el embarazo produce una reducción del volumen de materia gris en regiones asociadas al procesamiento social, la empatía y la cognición social. Estos cambios persistían al menos dos años después del parto y se correlacionaban con el nivel de apego hacia el bebé. Dicho de otra forma: el cerebro se reorganiza estructuralmente para priorizar la lectura emocional del bebé.

Esto tiene implicaciones enormes. La ‘niebla mental’ del postparto, la sensación de pensar diferente, de procesar la información de otra manera, no es solo consecuencia del cansancio. Es, en parte, reflejo de una reorganización neurológica real.

Otro estudio relevante es el de Saxbe et al. (2018), publicado en Neuroscience & Biobehavioral Reviews, que analiza cómo la transición a la maternidad implica cambios hormonales, neurológicos y psicológicos interrelacionados que justifican hablar de la maternidad como un ‘período sensible’ del desarrollo, con su propia vulnerabilidad y su propia plasticidad.

Saber esto importa. Porque cuando una mujer entiende que su cerebro está literalmente reconfigurándose, la experiencia de ‘no reconocerse’ tiene una explicación biológica, no solo emocional. Y eso puede aliviar mucha culpa.


Por qué nuestra cultura no habla de la matrescence postparto

Hay una paradoja curiosa: la maternidad es uno de los temas más presentes en nuestra cultura, en películas, en publicidad, en redes sociales, y al mismo tiempo, el proceso real de convertirse en madre sigue siendo profundamente invisible.

Lo que se muestra es el resultado: la madre feliz con su bebé en brazos, el amor instantáneo, la plenitud. Lo que no se muestra es el proceso: la confusión, el duelo, la reconfiguración de identidad, los meses de construir una nueva versión de ti misma.

Esto crea una brecha enorme entre la expectativa y la experiencia. Y en esa brecha se instala la culpa.

Diana Álvarez Rementería, psicóloga perinatal especializada en matrescence, señala que muchas de las mujeres que acuden a consulta no vienen con un diagnóstico clínico, sino con una sensación de ‘no estar siendo la madre que se supone que debería ser’. Y que el simple hecho de explicarles el concepto de matrescence produce, en muchos casos, un alivio inmediato.

Nombrar es sanar. Cuando lo que sientes tiene nombre, deja de parecer una anomalía y se convierte en un proceso compartido por millones de mujeres.


Cómo acompañar el proceso de matrescence: lo que realmente ayuda

No existe una ‘cura’ para la matrescence porque no es una enfermedad. Pero sí hay formas de atravesar este proceso con más recursos y menos sufrimiento innecesario.

Información antes del parto

La preparación al parto no debería limitarse a las contracciones y la epidural. Integrar el concepto de matrescence en la educación perinatal, explicar que la identidad materna se construye, que el amor puede ser gradual, que la ambivalencia es normal, es una de las intervenciones más sencillas y con mayor impacto.

En el Método MAI® trabajamos la maternidad desde una perspectiva integral, incluyendo el procesamiento emocional y de identidad que viene después del parto. Puedes saber más en @metodocrea.ia.

Red de apoyo real

El aislamiento es uno de los factores que más dificulta la matrescence. Las mujeres que tienen acceso a una red de apoyo, ya sea pareja, familia, amigas madres u otras mujeres en el mismo proceso, atraviesan la transformación de identidad de forma más sostenida.

No es un lujo. Es una necesidad biológica y evolutiva. Los seres humanos no hemos criado nunca en soledad.

Tiempo y permiso

La identidad materna no se construye en seis semanas. Ni en seis meses. Es un proceso que puede durar años, con avances y retrocesos. Darte permiso para no tenerlo todo integrado todavía es, probablemente, el acto de autocuidado más importante del postparto.

Consulta profesional cuando el proceso se complica

Si la confusión o el malestar son muy intensos, persistentes o interfieren con tu funcionamiento diario o con el vínculo con tu bebé, es importante que lo consultes con tu matrona o con un profesional de salud mental perinatal. La matrescence es normal, pero puede coexistir con dificultades que requieren acompañamiento especializado.

Recuerda: pedir ayuda no es un signo de debilidad. Es señal de que te conoces y te cuidas.


La matrescence y el papel de las matronas

Como matrona, creo que tenemos una responsabilidad enorme en este terreno. Las visitas de seguimiento postparto no deberían limitarse a revisar la cicatriz, la tensión arterial y el peso del bebé. Deberían incluir una pregunta real sobre cómo está la mujer, no solo físicamente, sino en su proceso de convertirse en madre.

¿Te reconoces? ¿Sientes que tienes espacio para ti en medio de todo esto? ¿Hay algo de tu vida anterior que estés echando de menos y que no te atreves a decir en voz alta?

Esas preguntas abren puertas. Y muchas veces, con solo abrirlas, la mujer ya se siente menos sola.

El postparto es también un período de reconocimiento para el sistema sanitario. La Organización Mundial de la Salud recomienda un contacto de seguimiento en las primeras 24 horas, en la primera semana y a las seis semanas tras el parto, con una evaluación que incluya el bienestar emocional materno. Sin embargo, en muchos contextos esa evaluación emocional sigue siendo superficial o ausente.

Si tu experiencia postparto fue diferente a esto, si no te preguntaron cómo estabas de verdad, quiero que sepas que mereces ese acompañamiento. Y que nunca es tarde para buscarlo.


Preguntas que me hacen en consulta sobre la matrescence

Antes de cerrar, quiero responder algunas de las preguntas que me llegan con más frecuencia sobre este tema.

¿Cuánto dura la matrescence? No hay una duración estándar. El proceso de reconfiguración de identidad más intenso suele darse en el primer año, pero muchas mujeres describen que siguen integrando cambios dos o tres años después del nacimiento. Y en cada nuevo hijo, el proceso se activa de nuevo con matices diferentes.

¿Les pasa también a los padres? Sí, aunque con características distintas. Algunos investigadores hablan de ‘patrescence’ para describir la transición de identidad que viven los padres al convertirse en padres. Está menos estudiado, pero existe.

¿Significa que no quiero a mi bebé si no me reconozco? No. La matrescence no tiene que ver con el amor al bebé. Puedes querer profundamente a tu bebé y al mismo tiempo estar en un proceso de reconstrucción de identidad. Son cosas que coexisten.


La identidad materna se construye, no aparece

Si te quedo con una sola idea de todo lo que hemos visto, es esta: ser madre no es un estado al que se llega el día del parto. Es un proceso que se construye, con tiempo, con experiencia, con permiso para equivocarse, para no tenerlo todo claro, para sentir cosas contradictorias.

La matrescence es el nombre de ese proceso. Y saber que tiene nombre, que es universal, que está respaldado por la ciencia y que no significa que algo esté roto en ti, puede cambiar mucho cómo lo vives.

Si este artículo ha resonado contigo, compártelo con alguna madre o embarazada que necesite leerlo hoy. A veces la información correcta llega en el momento exacto en que se necesita.

Y si quieres saber más sobre cómo prepararte para la maternidad de forma integral, incluyendo el proceso emocional y de identidad del postparto, te espero en @metodocrea.ia.

Recuerda: este contenido es informativo. Ante cualquier duda sobre tu bienestar emocional en el postparto, consulta siempre con tu matrona o con un profesional de salud mental perinatal.

📚 Bibliografía

Preguntas frecuentes

¿Qué es la matrescence y cuándo empieza?

La matrescence es la transformación de identidad que vive una mujer al convertirse en madre. Comienza durante el embarazo, se intensifica en el postparto inmediato y puede extenderse durante meses o años. No es un trastorno, es un proceso normal aunque poco nombrado.

¿La matrescence es lo mismo que la depresión postparto?

No. La depresión postparto es un trastorno del estado de ánimo con criterios clínicos específicos que requiere evaluación y tratamiento. La matrescence es un proceso de transformación de identidad que vive la mayoría de mujeres al convertirse en madres. Pueden coexistir, pero son cosas diferentes.

¿Es normal sentir que no me reconozco después de tener a mi bebé?

Completamente normal. La matrescence implica una reorganización profunda de tu identidad, tu cuerpo, tus relaciones y tu forma de procesar el mundo. Sentirte diferente o no reconocerte no significa que algo esté mal. Significa que estás en proceso.

¿Cuánto dura el proceso de matrescence en el postparto?

No hay una duración estándar. El período más intenso suele darse en el primer año, pero muchas mujeres siguen integrando los cambios durante dos o tres años. Con cada nuevo hijo, el proceso se activa de nuevo con características propias.

¿Cuándo debo consultar a mi matrona por cómo me siento en el postparto?

Si el malestar emocional es muy intenso, persistente o interfiere con tu día a día o con el vínculo con tu bebé, consulta con tu matrona o con un profesional de salud mental perinatal. La matrescence es un proceso normal, pero cuando genera sufrimiento significativo merece acompañamiento especializado.

Matrescence: la transformación de identidad en el postparto

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