¿Te duele dar el pecho y has visto que tus pezones están agrietados, enrojecidos o incluso sangran? Tranquila, no estás sola. Las grietas en el pezón son uno de los problemas más frecuentes en las primeras semanas de lactancia, y en mi experiencia de más de 20 años como matrona, te puedo decir que en la inmensa mayoría de los casos tienen solución.
El problema es que muchas mujeres lo viven en silencio, pensando que «es normal que duela» o que «hay que aguantar». Y no. Dar el pecho NO tiene que doler. Si duele, hay algo que podemos mejorar. Vamos a ver qué está pasando y cómo solucionarlo 💪
¿Qué son exactamente las grietas en el pezón?
Las grietas son pequeñas heridas o fisuras que aparecen en el pezón o la areola durante la lactancia. Pueden ir desde una ligera rojez hasta heridas abiertas que sangran. El dolor suele ser más intenso al inicio de la toma y va cediendo conforme el bebé mama.
Es importante que sepas que las grietas NO son una consecuencia inevitable de la lactancia. Son una señal de que algo no va bien, y cuanto antes lo identifiquemos, antes lo solucionamos.
¿Por qué aparecen las grietas? Las causas reales
Después de haber acompañado a más de 3.000 partos y haber asesorado a miles de madres en lactancia, te puedo decir que la causa número uno es siempre la misma:
1. Mal agarre del bebé al pecho
Este es el responsable en el 90% de los casos. Cuando el bebé no abre bien la boca, no coge suficiente areola o succiona solo del pezón, se genera una fricción que acaba provocando la herida. Un buen agarre significa que el bebé tiene la boca bien abierta, el labio inferior evertido (hacia fuera) y coge buena parte de la areola, no solo el pezón.
¿Cómo sabes si el agarre no es correcto? Fíjate si:
- Las mejillas del bebé se hunden al succionar (como si chupara con pajita)
- Oyes chasquidos mientras mama
- Tu pezón sale aplastado o deformado después de la toma
- Sientes dolor intenso durante toda la toma, no solo al inicio
2. Frenillo lingual corto (anquiloglosia)
El frenillo lingual corto es más frecuente de lo que se piensa. Cuando el bebé tiene un frenillo que limita el movimiento de la lengua, no puede hacer el movimiento ondulatorio necesario para extraer la leche correctamente. Resultado: compensa con más presión y aparecen las grietas.
Si has corregido la postura mil veces y sigues con grietas, pide que valoren el frenillo de tu bebé. Un profesional especializado en lactancia puede identificarlo en pocos minutos.
3. Posición incorrecta al amamantar
No es solo cómo agarra el bebé, sino cómo estáis colocados los dos. Si el bebé está lejos del pecho, si tiene el cuello girado o si tú estás inclinada hacia delante «ofreciendo» el pecho en vez de acercar al bebé hacia ti, el agarre se complica.
La regla de oro: barriga con barriga, nariz a la altura del pezón, y el bebé viene al pecho (no el pecho va al bebé). Parece sencillo, pero este cambio marca la diferencia.
4. Uso de chupetes o biberones en los primeros días
La succión del chupete y del biberón es completamente diferente a la del pecho. Cuando un recién nacido alterna entre ambos, puede generar lo que llamamos «confusión tetina-pezón»: el bebé empieza a cerrar la boca como haría con la tetina, y eso no funciona en el pecho.
5. Infección por cándidas o bacterias
A veces las grietas que no terminan de curar pueden estar infectadas, sobre todo por cándidas (hongos). Si notas que el dolor es como un pinchazo o quemazón que persiste después de la toma, o si el pezón tiene un aspecto brillante o rosado, consulta con tu matrona o médico.
Cómo curar las grietas en el pezón: lo que SÍ funciona
1. Corrige el agarre (esto es lo primero, SIEMPRE)
Si no corregimos la causa, da igual qué crema te pongas. Las grietas volverán. Pide ayuda a tu matrona o a una asesora de lactancia IBCLC para que observe una toma y te guíe. En mi consulta de lactancia es lo primero que hacemos: ver cómo mama el bebé y ajustar.
2. Aplica tu propia leche sobre el pezón
¿Sabías que tu leche materna tiene propiedades antibacterianas y cicatrizantes? Después de cada toma, extiende unas gotas de tu leche sobre el pezón y deja que se seque al aire. Es el remedio más sencillo, más barato y más efectivo que existe.
3. Curación húmeda con lanolina purificada
La lanolina pura (tipo Lansinoh o Purelan) ayuda a mantener la herida hidratada, lo que favorece la cicatrización. Aplícala después de cada toma, sin necesidad de retirarla antes de la siguiente. Pero recuerda: la lanolina no soluciona el problema, solo alivia mientras corriges el agarre.
4. Varía las posiciones al amamantar
Cambiar de postura (rugby, tumbada, caballito…) hace que la presión no recaiga siempre en la misma zona del pezón. Esto ayuda a que las grietas cicatricen más rápido.
5. Ventila los pezones
Siempre que puedas, deja los pezones al aire. La humedad constante retrasa la cicatrización. Si usas discos, cámbialos con frecuencia y evita los de plástico.
Lo que NO deberías hacer con las grietas
- ❌ NO uses jabón ni frotes los pezones. La areola tiene sus propias glándulas que la protegen.
- ❌ NO te seques los pezones con secador. El calor excesivo reseca y empeora la herida.
- ❌ NO «aguantes» el dolor pensando que pasará solo.
- ❌ NO dejes de dar el pecho (salvo casos muy extremos). Suspender la lactancia puede crear ingurgitación o mastitis.
¿Cuándo consultar con un profesional?
Mi recomendación es que consultes siempre que tengas dolor al dar el pecho. Pero especialmente si:
- Las grietas no mejoran en 3-4 días a pesar de corregir el agarre
- Aparece fiebre o la mama se pone roja y caliente (puede ser mastitis)
- Ves pus o signos de infección
- Sospechas que tu bebé puede tener frenillo corto
En mi consulta online de lactancia puedo valorar una toma en directo, revisar el agarre, descartar frenillo y darte un plan personalizado. No tienes que pasar por esto sola 🥰
La buena noticia: las grietas se curan
Con el agarre correcto, las grietas se curan en pocos días. He visto a miles de madres pasar de «no puedo más» a disfrutar de su lactancia en una o dos semanas. La clave es pedir ayuda a tiempo.
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