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Ecografías en el embarazo: qué se ve en cada una

Ecografías en el embarazo: qué se ve en cada una

18 Sep 2026 · Embarazo· 19 min de lectura

Cuando una mujer embarazada entra a la consulta de ecografía, muchas veces lo hace con una mezcla de ilusión y nerviosismo. La ilusión de ver al bebé, de escuchar el corazón, de llevarse una foto. Y el nerviosismo de no saber muy bien qué va a pasar ahí dentro, qué van a mirar, qué significa lo que les van a decir. En consulta lo veo constantemente: mujeres que salen con una imagen en la mano pero sin haber entendido realmente qué se ha valorado. Y eso, con un poco de información previa, se puede cambiar completamente.

Las ecografías del embarazo no son un trámite ni una foto de recuerdo. Cada una tiene un propósito clínico muy concreto, un momento preciso en el que debe realizarse y una información específica que busca. La del primer trimestre no mira lo mismo que la morfológica del segundo, y la del tercer trimestre tampoco. Cuando sabes qué busca cada una, puedes preguntar de forma informada, puedes entender la imagen que ves en la pantalla, puedes participar de verdad en el seguimiento de tu embarazo.

En este artículo te explico, desde la consulta y con base en la evidencia científica actual, qué se valora en cada ecografía del embarazo, cuántas están recomendadas en un seguimiento estándar en España, qué significa la información que te dan en cada una, y qué preguntas puedes hacerle a tu matrona o ginecóloga para aprovechar al máximo cada visita. Porque estar informada no es una ventaja, es un derecho.

Cuántas ecografías se hacen en un embarazo de bajo riesgo

Una de las preguntas que más me hacen en consulta es esta: ¿cuántas ecografías voy a tener? La respuesta varía según la comunidad autónoma, el centro sanitario y, sobre todo, si el embarazo es de bajo o alto riesgo. Pero hay un consenso clínico claro: en un embarazo sin complicaciones, las guías españolas y los principales organismos internacionales recomiendan al menos tres ecografías, una por trimestre.

La Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) establece un esquema de seguimiento ecográfico con una exploración en el primer trimestre (entre las semanas 11 y 14), otra en el segundo trimestre (entre las semanas 18 y 22, la conocida como morfológica) y una tercera en el tercer trimestre (habitualmente entre las semanas 28 y 32, aunque en algunos centros se añade una más entre las semanas 36 y 38). Esto supone un mínimo de tres ecografías, que pueden ampliarse a cuatro o más en función del protocolo de cada centro o de las necesidades clínicas del embarazo.

Es importante que sepas que no todas las ecografías adicionales que puedas necesitar indican que algo va mal. En muchas ocasiones se piden simplemente para confirmar datos, revisar la posición del bebé al final del embarazo, o hacer un seguimiento más detallado de algo que no quedó del todo claro en una exploración anterior. Si tu ginecóloga o matrona te pide una ecografía extra, lo primero que puedes hacer es preguntar directamente: ¿qué vais a valorar en esta? ¿Hay algo concreto que queráis revisar? Esa pregunta siempre tiene respuesta.

Fuera del programa público, muchas mujeres optan también por ecografías privadas adicionales, como la ecografía 3D o 4D, que tienen un valor emocional enorme pero no añaden necesariamente información clínica que no aporte la ecografía estándar. Son un complemento bonito, no una necesidad médica. Y está bien saberlo para no vivir con la sensación de que si no te la has hecho te has perdido algo importante desde el punto de vista del seguimiento.

La ecografía del primer trimestre: mucho más que confirmar el latido

La ecografía del primer trimestre se realiza entre las semanas 11 y 14 de gestación, y tiene varios objetivos que van mucho más allá de confirmar que hay latido. Es cierto que para muchas mujeres ese primer latido es el momento más emocionante, y lo entiendo perfectamente. Pero lo que se valora en esa consulta es bastante más amplio.

En primer lugar, se confirma que el embarazo es intrauterino, es decir, que el embrión está implantado dentro del útero y no en una trompa (lo que sería un embarazo ectópico, una urgencia médica). También se determina el número de embriones, lo que es fundamental en casos de gemelos o más, porque el tipo de gestación múltiple condiciona completamente el seguimiento. Y se hace una datación precisa del embarazo: midiendo la longitud cráneo-caudal del embrión se puede calcular con bastante exactitud la semana de gestación y la fecha probable de parto, que a veces difiere de lo que se había calculado a partir de la fecha de la última regla.

Pero hay algo que convierte esta ecografía en una prueba especialmente relevante desde el punto de vista del cribado: la medición de la translucencia nucal. La translucencia nucal es la acumulación de líquido que se produce de forma normal en la nuca de todos los bebés durante el primer trimestre. Cuando ese espacio está aumentado por encima de ciertos valores, puede ser un marcador de riesgo aumentado de algunas cromosomopatías, como la trisomía 21 (síndrome de Down), entre otras. Esta medición se combina con un análisis de sangre materna (la fracción beta de la hormona HCG y la proteína PAPP-A) en lo que se conoce como el cribado combinado del primer trimestre o test prenatal combinado, que ofrece una estimación del riesgo individual de la gestante.

Es importante entender que el resultado del cribado combinado no diagnostica nada: solo estima un riesgo. Un resultado de alto riesgo no significa que el bebé tenga una cromosomopatía, del mismo modo que un resultado de bajo riesgo no lo descarta al cien por cien. En función del resultado, se puede ofrecer una prueba diagnóstica más precisa, como la amniocentesis o la biopsia corial, que sí son diagnósticas. Si en tu consulta te explican el resultado del cribado, no dudes en pedir que te lo expliquen con calma: qué significa tu cifra de riesgo, cuál es el punto de corte que usan en tu centro, y cuáles son las opciones disponibles si quieres más información.

En esta misma ecografía también se valoran la morfología uterina, el estado de los ovarios y, en algunos casos, se empieza a ver el cuello uterino. Cada vez más centros también incorporan en esta visita la medición del hueso nasal del bebé y el análisis del flujo en el ductus venoso, que son marcadores adicionales que mejoran la capacidad del cribado de primer trimestre.

La ecografía morfológica del segundo trimestre: la más completa

La ecografía morfológica, también llamada ecografía de la semana 20 o eco del segundo trimestre, se realiza entre las semanas 18 y 22 de gestación y es, con diferencia, la exploración ecográfica más detallada de todo el embarazo. Es mucho más que ver si el bebé es niño o niña, aunque sé que esa es la parte que más ilusión hace. Lo que se revisa en esa consulta es la anatomía completa del bebé.

El ecografista, que en España debe estar acreditado para realizar esta exploración, revisa de forma sistemática más de setenta estructuras anatómicas del feto. Se valoran el cerebro y la cabeza (los ventrículos, el cerebelo, el perfil facial), la columna vertebral, el corazón y los grandes vasos, los pulmones, el abdomen (el estómago, los riñones, la vejiga, la pared abdominal), los huesos largos de los brazos y las piernas, los dedos de las manos y los pies, y el cordón umbilical.

Recuerdo a muchas mujeres que llegan a la morfológica pensando que van a estar quince minutos viendo al bebé en la pantalla, y se encuentran con que la exploración dura entre treinta y cuarenta y cinco minutos, con la ecografista concentrada en la pantalla y tomando medidas. Eso no es señal de que algo vaya mal: es la prueba siendo hecha con la atención que merece. Cuando tu profesional se toma su tiempo en la morfológica, es porque está siendo minuciosa.

También se valoran en este momento la localización y la morfología de la placenta, la cantidad de líquido amniótico, la longitud del cuello uterino (especialmente importante en mujeres con antecedentes de parto prematuro o incompetencia cervical) y la biometría fetal, es decir, las medidas del bebé: diámetro biparietal, circunferencia cefálica, circunferencia abdominal y longitud del fémur. Estas medidas se comparan con tablas de referencia y permiten calcular el peso fetal estimado y ver si el bebé está creciendo dentro del rango esperado para su edad gestacional.

Si en la morfológica alguna estructura no se visualiza bien, ya sea porque el bebé está en una posición difícil, porque hay poca cantidad de líquido amniótico o porque simplemente la imagen no es óptima ese día, se pedirá una ecografía complementaria. Esto ocurre con bastante frecuencia y no debe interpretarse como que se ha encontrado algo malo: simplemente significa que necesitan ver mejor esa zona.

Puedes leer más sobre el seguimiento del segundo trimestre en el artículo sobre cuidados en el segundo trimestre de este mismo blog.

La ecografía del tercer trimestre: crecimiento, posición y bienestar fetal

La ecografía del tercer trimestre se realiza habitualmente entre las semanas 28 y 32 de gestación, aunque algunos centros añaden una exploración adicional entre las semanas 36 y 38, especialmente si hay algún factor de riesgo o si no se ha podido confirmar la posición del bebé en la visita anterior.

El objetivo principal de esta ecografía es evaluar el crecimiento fetal en la recta final del embarazo. Se repiten las medidas biométricas y se calcula el peso fetal estimado, que se compara con las curvas de crecimiento para ver si el bebé está ganando peso de forma adecuada. Un bebé que crece por debajo del percentil 10 para su edad gestacional puede estar en lo que se llama restricción del crecimiento intrauterino (RCIU), una situación que requiere un seguimiento más estrecho pero que, detectada a tiempo, tiene muy buen pronóstico en la mayoría de los casos.

En esta ecografía también se evalúa la cantidad de líquido amniótico, que puede aumentar (polihidramnios) o disminuir (oligohidramnios) y en ambos casos puede requerir seguimiento. Se revisa la posición de la placenta, especialmente importante si en ecografías anteriores se había identificado una placenta de localización baja o una placenta previa, que en algunos casos puede haberse desplazado hacia arriba a medida que el útero ha crecido. Y se confirma la presentación del bebé: si está en presentación cefálica (cabeza abajo, lo que es lo más habitual y lo más favorable para el parto vaginal), en presentación de nalgas o en posición transversa.

Muchas veces en esta ecografía se añade también el estudio Doppler, que mide el flujo de sangre en los vasos del cordón umbilical y en la arteria cerebral media del bebé. Estos datos permiten evaluar cómo está funcionando la placenta y si el bebé está recibiendo un aporte adecuado de oxígeno y nutrientes. El Doppler no es una prueba rutinaria en todos los embarazos de bajo riesgo, pero sí se usa de forma habitual cuando hay sospecha de restricción del crecimiento u otras complicaciones.

Si te preguntan si tienes al bebé en cefálica o en nalgas y no sabes qué responder, es porque nadie te lo ha explicado todavía. Pregunta en cada visita. Tienes todo el derecho de saber cómo está colocado tu bebé y qué implicaciones tiene para el tipo de parto.

Ecografías adicionales: cuándo y por qué

Hay situaciones en las que el seguimiento ecográfico estándar de tres o cuatro ecografías no es suficiente y se amplía con exploraciones adicionales. Esto no debe generar alarma: en muchos casos responde simplemente a un mayor nivel de detalle en el seguimiento, no a que haya un problema grave.

Algunas de las situaciones más frecuentes que llevan a añadir ecografías son: embarazos gemelares o de mayor orden, que requieren un seguimiento ecográfico mucho más frecuente porque el riesgo de algunas complicaciones es mayor; embarazos con antecedentes de parto prematuro, en los que se hacen controles periódicos de la longitud cervical; gestaciones en las que el bebé ha mostrado un crecimiento por debajo de lo esperado, con controles cada dos o tres semanas para valorar la evolución; embarazos postérmino, es decir, que superan la semana 41, en los que se realiza un control del bienestar fetal con ecografía y monitorización; y gestaciones en las que se ha identificado alguna variante de la normalidad o una anomalía que requiere seguimiento, como una dilatación leve de los ventrículos cerebrales o un quiste del plexo coroideo.

En todos estos casos, tu ginecóloga o matrona te explicará por qué se añade esa ecografía, qué se va a valorar y qué significa el resultado. Si en algún momento sientes que no has entendido bien la información, pide que te lo expliquen de nuevo. Es tu embarazo y tienes todo el derecho de comprenderlo.

Qué puedes preguntar en cada ecografía

Una de las cosas que más me gusta recomendar en consulta es que las mujeres lleguen a la ecografía con sus preguntas preparadas. No para presionar al profesional ni para interferir en la exploración, sino para aprovechar ese momento al máximo. Porque una ecografía no debería ser solo un procedimiento que se te hace, sino una conversación sobre cómo está yendo tu embarazo.

Algunas preguntas que puedes hacer en la ecografía del primer trimestre: ¿Cuántas semanas tengo exactamente? ¿El bebé está bien colocado en el útero? ¿Cuál es mi resultado del cribado combinado y qué significa? ¿Hay algo que queráis vigilar más de cerca?

En la morfológica: ¿Se ha podido ver todo lo que necesitabais? ¿El corazón se ha valorado bien? ¿Dónde está la placenta? ¿El cuello del útero tiene una longitud adecuada?

En la del tercer trimestre: ¿Cómo está creciendo el bebé? ¿Está en cefálica? ¿Cómo está la placenta y el líquido amniótico? ¿Se ha hecho Doppler y qué indica?

Ninguna de estas preguntas es inapropiada. Un buen profesional siempre tiene tiempo para responderlas, aunque sea brevemente. Y si sientes que saliste de la consulta sin entender algo importante, puedes pedirle a tu matrona que te lo aclare en la siguiente visita.

Tienes más recursos sobre cómo preparar tus visitas de control en este artículo sobre el seguimiento del embarazo en el blog.

Cómo vivir mejor la experiencia de la ecografía

Más allá de lo clínico, quiero hablarte de algo que veo constantemente en consulta y que tiene un impacto enorme en cómo las mujeres viven sus ecografías: el estado emocional con el que entran.

Muchas mujeres llegan a la ecografía con una mezcla de expectativa altísima y miedo profundo. La expectativa de ver al bebé bien, de escuchar que todo es perfecto. Y el miedo a que en esa pantalla aparezca algo que cambie el curso de su embarazo. Ese miedo es completamente humano y comprensible. Pero cuando va acompañado de desinformación o de haber leído cosas en internet que no se aplican a tu caso, se convierte en ansiedad anticipatoria que hace que la experiencia sea mucho más dura de lo necesario.

Lo que yo siempre recomiendo es ir con información real y con preguntas reales, no con búsquedas de Google del día anterior. Saber qué van a valorar ese día, qué términos van a usar (biometría, percentil, translucencia, Doppler), qué significa que te pidan volver dentro de dos semanas, y qué diferencia hay entre una variante de la normalidad y una anomalía. Esa información no te quita el miedo de forma mágica, pero sí te da herramientas para procesarlo.

Y si eres pareja de la persona embarazada: acompañar bien en la ecografía también es un acto de cuidado. Estar presente de verdad, no en el móvil. Preguntar junto con ella. Salir de ahí habiendo entendido lo mismo.

Si quieres prepararte bien para la morfológica o para cualquier otra ecografía, puedes leer también este artículo sobre el plan de parto y las decisiones informadas en el embarazo donde profundizo en cómo ejercer tu derecho a estar informada en cada momento del proceso.

Lo que me llevo de cada ecografía en la consulta

Hay algo que me gusta mucho de las ecografías, y es que son uno de los pocos momentos del seguimiento prenatal en los que la mujer ve con sus propios ojos lo que está pasando dentro de su cuerpo. No es un análisis de sangre que se interpreta en un papel. Es una imagen en tiempo real de un ser humano en desarrollo. Eso es extraordinario.

Pero para que esa imagen tenga sentido, hay que saber leerla, o al menos saber qué está mirando el profesional que tiene el transductor en la mano. Y para eso hace falta información previa, no después de salir de la consulta con la cabeza llena de preguntas sin respuesta.

En consulta atiendo a mujeres que llegan sabiendo exactamente qué se va a valorar ese día, qué preguntas van a hacer, qué van a preguntar si el resultado no es del todo claro. Y salir de una ecografía entendiéndola es una experiencia completamente distinta a salir con una foto y la sensación de que algo pasó ahí dentro que no terminaste de comprender.

Espero que este artículo te haya ayudado a llegar mejor preparada a tus próximas ecografías. Si tienes alguna duda concreta sobre alguna de las pruebas que te han explicado o sobre algún resultado que no entendiste del todo, escríbeme en los comentarios e intento ayudarte a aclarar lo que pueda. Y si conoces a alguien embarazada que le pueda venir bien esta información, compártela. Estar informada siempre suma.

Recuerda: este contenido es informativo. Consulta siempre con tu matrona o ginecóloga ante cualquier duda sobre tu situación particular.

📚 Bibliografía

Preguntas frecuentes

¿Cuántas ecografías se hacen en un embarazo normal en España?

En un embarazo de bajo riesgo, las guías recomiendan al menos tres ecografías: una en el primer trimestre (semanas 11-14), la morfológica en el segundo (semanas 18-22) y una en el tercer trimestre (semanas 28-32). Muchos centros añaden una cuarta entre las semanas 36 y 38. Si tu embarazo tiene algún factor de riesgo, pueden programarse más exploraciones.

¿Qué es la translucencia nucal y por qué es importante?

La translucencia nucal es el espacio con líquido que se ve en la nuca del bebé en la ecografía del primer trimestre. Cuando está aumentada por encima de ciertos valores, puede ser un marcador de riesgo de algunas cromosomopatías como el síndrome de Down. Se combina con un análisis de sangre materna para obtener un riesgo individualizado, aunque no es una prueba diagnóstica: solo estima un riesgo.

¿La ecografía morfológica es la más importante del embarazo?

Es la más completa desde el punto de vista anatómico. Se realiza entre las semanas 18 y 22 y revisa más de setenta estructuras del bebé: cerebro, corazón, columna, riñones, huesos, pared abdominal y mucho más. También valora la placenta, el líquido amniótico y el cuello uterino. Por eso dura más tiempo que el resto de ecografías y requiere un profesional acreditado.

¿Qué significa que me pidan otra ecografía fuera del programa habitual?

No siempre indica que haya un problema. A veces se pide porque el bebé estaba en una posición que no permitía ver bien alguna estructura, porque hay que confirmar el crecimiento, revisar la posición de la placenta o vigilar la longitud del cuello uterino. Si tienes dudas, pregunta directamente qué van a valorar en esa ecografía adicional y por qué se ha pedido.

¿Cuándo se puede saber el sexo del bebé por ecografía?

La determinación del sexo suele ser posible a partir de la semana 14-16, aunque con más fiabilidad desde la semana 18-20, que coincide con la ecografía morfológica. En la ecografía del primer trimestre (semanas 11-14) a veces se puede hacer una estimación, pero no es definitiva. La fiabilidad depende también de la posición del bebé ese día.

Evidencia científica

Este contenido ha sido elaborado con asistencia de IA y revisado por Diana Martínez, matrona colegiada. No sustituye el consejo individualizado de tu matrona o médico.

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