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Parto en el Agua: Beneficios, Riesgos y Cómo Prepararte

Parto en el Agua: Beneficios, Riesgos y Cómo Prepararte

30 Jul 2025 · parto· 18 min de lectura

El parto en el agua es una de esas opciones que se cuentan casi siempre en un solo tono: o maravilloso o temerario. Y en la consulta me encuentro con las dos versiones, muchas veces en la misma mujer. Como matrona, prefiero darte la versión aburrida y útil: qué dice la evidencia, qué beneficio está bien medido, cuál es el riesgo que casi nadie te menciona y qué tienes que preguntar en tu hospital antes de contar con ello.

Te adelanto la idea que más cambia la conversación: dilatar en el agua y parir dentro del agua no son la misma decisión, no tienen la misma evidencia detrás y no se piden igual. Casi todo el ruido sobre este tema viene de mezclarlas.

Dilatar en el agua y parir en el agua no son lo mismo

Son dos cosas distintas y conviene que las nombres por separado:

La revisión Cochrane de 2018 reunió 15 ensayos y 3.663 mujeres, y separa las dos fases precisamente porque no se comportan igual. Para la segunda fase solo pudo apoyarse en un puñado de mujeres, y sus autores lo dicen con todas las letras: la evidencia sobre la inmersión durante el expulsivo es limitada y no muestra diferencias claras. Un detalle importante para leer bien esos datos: ningún ensayo se realizó en un entorno liderado por matronas, que es justo donde más se practica.

Por eso el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) mantiene una postura que sorprende a mucha gente: considera que la inmersión durante la dilatación puede ofrecerse a mujeres sanas con embarazos sin complicaciones entre las semanas 37+0 y 41+6, pero recomienda que el nacimiento ocurra fuera del agua mientras no haya más datos. Y añade un matiz que me parece el más honesto de todo el documento: a la mujer que pide parir sumergida hay que informarla de que los beneficios y riesgos de esa elección no se han estudiado lo suficiente ni para apoyarla ni para desaconsejarla.

No es un «no». Es un «no lo sabemos con la seguridad que nos gustaría». Que es distinto, y que te deja a ti la decisión con la información encima de la mesa.

Lo que la evidencia sí sostiene: menos epidural

Este es el beneficio real y bien medido, y es el que suele quedar sepultado bajo frases genéricas sobre relajación.

En la revisión Cochrane, entre las mujeres que dilataron en el agua el uso de analgesia regional (epidural o raquídea) bajó del 43 % al 39 %: RR 0,91, IC 95 % 0,83–0,99, con 5 ensayos y 2.439 mujeres y calidad de evidencia moderada. Es el resultado más sólido de toda la revisión.

Conviene dimensionarlo bien: es una reducción modesta, no una alternativa garantizada a la epidural. Cuatro de cada diez mujeres siguieron pidiéndola. Si el agua te ayuda, estupendo; y si a mitad de camino decides que quieres epidural, no has fracasado en nada. Si quieres saber hasta cuándo puedes pedirla, te lo cuento en este artículo sobre el límite de centímetros.

En los grandes estudios observacionales aparece además menos hemorragia posparto (OR 0,80, IC 95 % 0,68–0,94, sobre 21 estudios y 149.732 embarazos) y menos ingresos del bebé en cuidados intensivos neonatales (OR 0,56, IC 95 % 0,45–0,70, sobre 30 estudios y 287.698 embarazos). Son datos observacionales, no ensayos aleatorizados: las mujeres que eligen y pueden acceder a un parto en el agua parten ya de embarazos de bajo riesgo, y eso infla los buenos resultados. Aun así, apuntan todos en la misma dirección tranquilizadora.

¿Reduce las cesáreas y los desgarros? No

Aquí tengo que corregir algo que este mismo blog daba por bueno y que se repite en casi toda la divulgación sobre parto en el agua: que reduce las intervenciones, las cesáreas y las episiotomías. La evidencia no lo sostiene.

Estos son los datos de la Cochrane, comparando dilatar en el agua con no hacerlo:

Que no reduzca las cesáreas no es un argumento en contra del agua. Es un argumento contra venderla por algo que no hace. Si eliges bañera esperando ahorrarte una cesárea y acabas en quirófano, te quedas además con la sensación de haber hecho algo mal. Y no la hiciste: el agua nunca prometió eso.

Si lo que te preocupa es el periné, la conversación útil es otra —compresas calientes en el expulsivo, episiotomía selectiva— y la tienes desarrollada en el artículo sobre desgarros en el parto.

El riesgo mejor documentado, y el que nadie menciona: la avulsión del cordón

Si de todo este artículo te quedas con un dato, que sea este, porque es el único riesgo del parto en el agua que aparece de forma consistente en los estudios grandes y es el que casi nunca se cuenta.

La avulsión del cordón umbilical es la rotura del cordón al sacar al bebé del agua hacia la superficie. Ocurre porque la maniobra de subirlo al pecho de la madre puede tensar un cordón corto más de lo que aguanta.

Dos diseños distintos, dos poblaciones distintas, el mismo hallazgo. Es un riesgo real.

Ahora la parte tranquilizadora, que también es cierta: es poco frecuente, se detecta de inmediato y se resuelve pinzando el cordón sin demora. Y sobre todo, es prevenible con técnica: sacar al bebé de forma lenta y controlada, sin tirones, y no elevarlo bruscamente por encima del agua. Es exactamente el tipo de cosa que distingue a un equipo con experiencia real en partos en el agua de uno que tiene una bañera.

Por eso la pregunta que te interesa hacer no es «¿tenéis bañera?», sino «¿cuántos partos en el agua atendéis al año y cómo manejáis la salida del bebé?».

¿Y el miedo a que el bebé aspire agua?

Es el miedo número uno y, curiosamente, es el que peor se sostiene con los datos disponibles.

En el metaanálisis de 2024, los bebés nacidos sumergidos tuvieron menos aspiración que requiriera reanimación (OR 0,60, IC 95 % 0,43–0,84, sobre 19 estudios y 181.001 embarazos), menos Apgar bajo (OR 0,69, IC 95 % 0,58–0,82) y menos infección neonatal (OR 0,64, IC 95 % 0,42–0,97). La revisión sistemática de casos clínicos publicados —47 casos adversos recogidos de 35 artículos— concluye igualmente que esos datos no respaldan la preocupación por la aspiración de agua.

Te debo aquí una precisión honesta: esa misma revisión de casos tampoco respaldaba la avulsión del cordón, y sin embargo los estudios grandes sí la encuentran. No es una contradicción, es una cuestión de diseño: una serie de casos publicados no sirve para detectar que algo ocurre 1,5 veces más a menudo; para eso hacen falta decenas de miles de partos comparados. Por eso doy más peso a las cohortes en lo del cordón, y por eso el miedo a la aspiración, que sí se ha buscado activamente en cientos de miles de nacimientos, se sostiene mucho menos.

Lo que sí conviene saber: el bebé no respira mientras está sumergido y en contacto con el líquido a temperatura corporal; el estímulo para la primera respiración es el aire y el cambio de temperatura al salir. De ahí que la temperatura del agua se vigile y no deba superar los 37 ºC.

Infección: lo que de verdad hay que vigilar

El riesgo de infección existe, pero no es genérico: tiene nombre y apellidos, y depende del mantenimiento de la bañera mucho más que del hecho de parir en agua.

La consecuencia práctica es directa: pregunta por el protocolo de limpieza y desinfección de la bañera y por el tipo de llenado. Una bañera hinchable de un solo uso con revestimiento desechable y llenado directo tiene un perfil distinto al de una bañera fija con circuito de agua compartido.

¿Quién puede optar a un parto en el agua?

La inmersión se plantea para embarazos de bajo riesgo. Los criterios que manejan las guías y que te van a preguntar son, en esencia:

Hay un punto que suele malinterpretarse: no es cierto que dentro del agua no se pueda controlar al bebé. La monitorización se hace con doppler sumergible y a intervalos, y las guías la exigen expresamente mientras estás en la bañera. Lo que sí debe existir —y es un requisito, no un detalle— es un plan claro para sacarte del agua con rapidez si aparece cualquier complicación materna o fetal. Si algo se tuerce, la bañera se abandona; no se negocia allí dentro.

Qué preguntar en tu hospital (y qué dejar escrito)

Que un centro tenga bañera no significa que ofrezca partos en el agua. Muchos la ofrecen solo para dilatar, y eso hay que saberlo antes y no el día del parto. Las guías exigen a los centros protocolos rigurosos en cinco frentes; conviértelos en tus cinco preguntas:

Y la pregunta decisiva, la que más información te da de golpe: ¿puedo dilatar en el agua, parir en el agua, o solo lo primero? Anota la respuesta en tu plan de parto, junto con la alternativa que prefieres si la bañera está ocupada o si no puedes usarla. Un plan de parto que solo contempla el escenario ideal no te sirve el día que el escenario cambia.

Cómo prepararte

Entonces, ¿merece la pena?

Los autores de la cohorte más grande publicada hasta la fecha lo resumieron mejor de lo que yo sabría hacerlo: el parto en el agua «no es tan dañino como sugieren algunas guías actuales, ni tan benigno como afirman algunos de sus defensores».

Traducido a tu decisión: si tu embarazo es de bajo riesgo y el agua te apetece, es una opción razonable en un centro preparado. Dilatar en el agua tiene un beneficio pequeño pero real sobre la epidural. Parir dentro del agua tiene menos evidencia, un riesgo identificado —el cordón— que depende mucho de la técnica del equipo, y ningún beneficio demostrado para el bebé por el hecho de nacer sumergido. Elegirlo está bien; elegirlo sabiendo esto, mejor.

Y lo de siempre: ninguna forma de parir te hace mejor madre. Ni la bañera, ni el parto natural, ni la epidural, ni la cesárea.

Preguntas frecuentes

¿El parto en el agua reduce las cesáreas?

No. En la revisión Cochrane, la tasa de cesárea fue del 4 % con inmersión frente al 5 % sin ella, RR 1,27 (IC 95 % 0,91–1,79), con 7 ensayos y 2.652 mujeres: sin diferencia, y con el valor central apuntando hacia arriba. Tampoco cambió el parto vaginal espontáneo (RR 1,01) ni los desgarros de tercer y cuarto grado (RR 1,36, IC 95 % 0,85–2,18).

¿Qué beneficio tiene entonces dilatar en el agua?

Reduce el uso de analgesia epidural o raquídea, del 43 % al 39 % (RR 0,91, IC 95 % 0,83–0,99, 5 ensayos y 2.439 mujeres, calidad moderada). Es el resultado mejor sostenido de la revisión. Los estudios observacionales añaden menos hemorragia posparto (OR 0,80) y menos ingresos en UCI neonatal (OR 0,56).

¿Cuál es el riesgo real del parto en el agua?

La avulsión del cordón umbilical, es decir, su rotura al sacar al bebé hacia la superficie. Es el único riesgo que aparece de forma consistente: OR 1,75 (IC 95 % 1,38–2,24) en el metaanálisis de 2024 y aOR 1,57 (IC 95 % 1,37–1,82) en la cohorte de 17.530 partos en el agua emparejados. Es infrecuente, se resuelve pinzando el cordón de inmediato y se previene con una salida lenta y sin tirones.

¿Puede el bebé ahogarse o tragar agua al nacer?

Es el miedo más extendido y el que peor se sostiene con los datos. Los bebés nacidos en el agua tuvieron menos aspiración que requiriera reanimación (OR 0,60, IC 95 % 0,43–0,84, sobre 181.001 embarazos), menos Apgar bajo (OR 0,69) y menos ingresos en cuidados intensivos (OR 0,56). La revisión de casos clínicos publicados tampoco respalda esa preocupación.

¿Qué dicen las guías sobre parir dentro del agua?

El ACOG considera que la inmersión durante la dilatación puede ofrecerse a mujeres sanas con embarazo no complicado entre las semanas 37+0 y 41+6, pero recomienda que el nacimiento ocurra fuera del agua mientras no haya más datos. Y precisa que a quien pida parir sumergida se le debe informar de que los beneficios y riesgos no se han estudiado lo suficiente ni para apoyar ni para desaconsejar esa petición.

¿Hay riesgo de infección en la bañera?

No se ha encontrado más infección materna en conjunto (OR 0,93, IC 95 % 0,76–1,14, sobre 113.395 embarazos), aunque una cohorte sí detectó algo más de infección uterina (aOR 1,25, IC 95 % 1,05–1,48) sin aumento de ingresos por ese motivo. En los casos neonatales publicados el patrón repetido fue Pseudomonas y Legionella, bacterias ligadas al mantenimiento del agua. Pregunta por el protocolo de limpieza.

¿Se puede controlar al bebé dentro del agua?

Sí. Se monitoriza con doppler sumergible a intervalos, y las guías lo exigen mientras estás en la bañera. Lo que el centro debe tener es un plan definido para sacarte del agua con rapidez si aparece cualquier complicación materna o fetal.

¿Quién no puede optar a un parto en el agua?

Queda fuera si el embarazo no es a término (antes de 37+0 o después de 41+6), si es múltiple, si el bebé no está en cefálica, si hay preeclampsia, fiebre o sospecha de infección, si el bienestar fetal no es correcto o si se necesita monitorización continua o medicación intravenosa incompatible con la inmersión.

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Referencias

Parto en el Agua: Beneficios, Riesgos y Cómo Prepararte

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