Muchas mujeres llegan al paritorio sin saber que tienen derecho a preguntar cada intervención, a entender lo que les proponen y a decir sí o no libremente. Esta realidad cambia cuando conoces tus derechos. Te lo explico como matrona.
Nadie te habla de esto antes de llegar al paritorio: tienes derecho a preguntar, a entender y a decidir. Siempre.
Hay algo que me duele profundamente como matrona: el número de mujeres que cruzan la puerta del paritorio sin saber que pueden decir espera, necesito entender esto primero. Sin saber que ese «espera» es un derecho, no un capricho ni una complicación para el equipo. Si estás embarazada, si acabas de parir o si simplemente quieres llegar informada a ese momento, este artículo es para ti.
Por qué tantas mujeres llegan al paritorio sin conocer sus derechos
Cuando hablo con gestantes en las clases de preparación al parto, hago siempre la misma pregunta: «¿Alguien os ha explicado qué derechos tenéis una vez que entréis por esa puerta?». El silencio que sigue es, en sí mismo, la respuesta.
No es culpa de las familias. Es el resultado de un sistema en el que la información sobre derechos en el parto se ha tratado históricamente como algo secundario, casi anecdótico, frente a los protocolos clínicos, los monitores y las gráficas de dilatación. Se habla mucho de qué puede pasarte en el parto. Se habla poco de lo que puedes —y debes— exigir durante ese proceso.
Y sin embargo, los derechos existen. Están escritos en leyes, en guías clínicas nacionales e internacionales, en recomendaciones de organismos tan serios como la Organización Mundial de la Salud. El problema no es la ausencia de marco legal. El problema es que nadie te lo señala con claridad antes de que llegue el momento en que más lo necesitas.
Qué dice la ley: el consentimiento informado no es un papel que firmas por inercia
Empecemos por lo más concreto porque es donde más confusión veo. En España, la Ley 41/2002, de autonomía del paciente, es meridianamente clara: toda persona tiene derecho a recibir información veraz, comprensible y adecuada sobre su estado de salud, los procedimientos que se le proponen, los riesgos y las alternativas existentes. Y —aquí está la clave— tiene derecho a aceptar o rechazar cualquier intervención.
Esto no es teoría. Es la ley que te ampara cuando estás en una cama del paritorio y alguien se acerca con una jeringa de oxitocina sintética o con una hoja que dice «amniotomía» en términos que no reconoces.
El consentimiento informado en el ámbito del parto no es ese folio que te piden que firmes a toda velocidad cuando ya llevas horas de contracciones. Es un proceso de comunicación que debe producirse en condiciones en las que puedas comprender y decidir con libertad. Firmar algo durante una contracción intensa, sin que nadie te haya explicado qué implica, no cumple los requisitos legales ni éticos de un consentimiento válido.
Tenlo presente: tienes derecho a pedir que te expliquen en lenguaje claro qué te proponen hacer, por qué, qué riesgos conlleva, qué alternativas existen y qué ocurre si decides no hacerlo. Todas esas respuestas son tuyas por derecho. No estás pidiendo un favor.
El plan de parto: mucho más que una lista de deseos
Muchas mujeres me llegan diciendo que no saben si «merece la pena» hacer un plan de parto porque «al final hacen lo que quieren». Lo entiendo. Y a la vez me genera una tristeza enorme, porque esa frase revela exactamente el problema que quiero desmontar hoy.
El plan de parto no es una carta a los Reyes Magos. Es un documento de comunicación que tiene respaldo explícito en la Estrategia de Atención al Parto Normal del Sistema Nacional de Salud, aprobada por el Ministerio de Sanidad. Ese documento establece que los centros deben facilitar y respetar el plan de parto elaborado por la mujer, e incluye su registro en la historia clínica.
¿Significa eso que cada preferencia se cumplirá sin excepción? No, porque el parto es un proceso vivo y pueden surgir situaciones que requieran adaptaciones. Pero sí significa que el equipo está obligado a leerlo, a dialogar contigo sobre él y a justificar cualquier desviación. No pueden ignorarlo. Y tú puedes citarlo durante el parto: «Esto está en mi plan de parto. ¿Me explicáis por qué cambia la situación?»
Hacer un plan de parto bien elaborado —con tu matrona, con información real, sin listas de Instagram copiadas sin criterio— es uno de los actos más empoderados que puedes hacer antes de llegar al paritorio. No porque garantice un parto «perfecto», sino porque te obliga a reflexionar sobre qué quieres, te entrena para comunicarlo y deja constancia de que eres una paciente activa, no pasiva.
Las frases que puedes usar en el paritorio (y que tienes derecho a decir)
Uno de los mayores obstáculos para ejercer los derechos en el parto es no saber cómo verbalizarlos en un momento de alta intensidad emocional y física. Aquí van algunas frases concretas que puedes practicar antes:
Cuando no entiendes lo que te proponen:
«Necesito que me expliquéis esto en términos que pueda entender antes de decidir.»
Cuando sientes que van demasiado rápido:
«¿Hay urgencia real en este momento o podemos tomarnos un minuto?»
Cuando quieres más información sobre una intervención:
«¿Qué pasa si no hacemos esto ahora mismo? ¿Cuáles son las alternativas?»
Cuando algo no te parece bien:
«Quiero que conste en mi historia clínica que no he dado mi consentimiento para este procedimiento.»
Cuando necesitas que tu acompañante esté presente:
«Mi acompañante tiene derecho a estar conmigo y quiero que permanezca aquí.»
Estas frases no son agresivas. No son combativas. Son afirmaciones serenas de una persona que conoce su lugar en el proceso. Y el equipo sanitario que trabaja bien —y la inmensa mayoría lo hace— las recibirá con respeto, porque sabe que una mujer informada y activa colabora mejor en su propio parto.
Tu acompañante: un derecho, no un privilegio
El derecho a un acompañante de tu elección durante el trabajo de parto, el expulsivo y el puerperio inmediato está recogido tanto en la normativa española como en las recomendaciones de la OMS. No es algo que dependa de la «política» del hospital o del turno que haya. Es tu derecho.
El acompañante cumple una función que la evidencia avala con fuerza: la presencia continua de una persona de confianza reduce la duración del trabajo de parto, disminuye la percepción del dolor, reduce la necesidad de analgesia farmacológica y mejora la satisfacción materna con la experiencia del parto. No es sentimentalismo. Es fisiología.
Habla con tu pareja, familiar o persona de apoyo antes del parto. Cuéntale qué quieres. Explícale que puede —y debe— preguntar si algo no queda claro. Dile que su papel no es sólo darte la mano, sino también ser testigo activo y voz cuando tú no puedas alzarla.
Lo que la OMS lleva años diciéndonos sobre el trato en el parto
En 2014, la OMS publicó una declaración titulada «Prevención y erradicación de la falta de respeto y el maltrato durante la atención del parto en centros de salud», en la que reconocía que muchas mujeres en todo el mundo sufren tratos irrespetuosos, abusivos o negligentes durante el parto. No era un documento sobre países en desarrollo. Era un llamado global.
Cuatro años después, en 2018, la OMS publicó sus Recomendaciones sobre atención al parto para una experiencia positiva, donde queda explícito que una experiencia de parto positiva no es un lujo: es un objetivo de salud. Y que para lograrlo, la mujer debe recibir información, apoyo emocional, respeto por su autonomía y participación activa en las decisiones.
Esto no es ideología. Es política sanitaria basada en evidencia. Y significa que cuando pides explicaciones, cuando dices que necesitas entender antes de decidir, estás actuando exactamente como la máxima autoridad sanitaria mundial dice que deberías poder actuar.
Violencia obstétrica: ponerle nombre a lo que no debería ocurrir
Sé que este término genera incomodidad en algunos ámbitos. Lo entiendo. Y aun así es necesario nombrarlo, porque sin nombre no hay reconocimiento y sin reconocimiento no hay cambio.
La violencia obstétrica no se limita a casos extremos. Se manifiesta también en formas más sutiles que quizás hayas vivido o escuchado: que te hagan una episiotomía sin explicártela, que te den información en jerga técnica incomprensible y sigan adelante como si hubieras entendido, que se ignoren tus peticiones de cambiar de posición, que te digan «no seas así» cuando expresas miedo o incomodidad, que te hagan tactos vaginales repetidos sin anunciarlo ni pedir permiso.
No estoy diciendo que todos los profesionales actúen así. La mayoría trabajamos con vocación genuina y respeto profundo por las mujeres que atendemos. Pero el sistema tiene inercias, y algunas de esas inercias se sostienen precisamente en el silencio y la desinformación de las pacientes.
Cuando conoces tus derechos, cuando sabes que puedes preguntar y que tu pregunta es válida, esas inercias se quiebran. No por confrontación, sino por presencia activa.
📚 Evidencia científica
La defensa de los derechos en el parto no es una postura ideológica: está sustentada por décadas de investigación sobre resultados maternos, satisfacción y seguridad clínica.
1. La OMS lo avala con sus propias recomendaciones (2018) Las Recomendaciones de la OMS sobre atención al parto para una experiencia positiva establecen que el respeto a la autonomía de la mujer, la información comprensible y el apoyo continuo son componentes esenciales de una atención de calidad. La recomendación de apoyo continuo por persona elegida por la mujer recibe la clasificación más alta de evidencia disponible. Enlace: OMS – Recomendaciones sobre atención al parto (2018)
2. El maltrato durante el parto es un problema documentado globalmente Una revisión sistemática de métodos mixtos publicada en PLoS Medicine (Bohren et al., 2015) analizó 65 estudios de 34 países y encontró que el maltrato durante el parto en entornos sanitarios —incluyendo falta de respeto, abuso verbal, intervenciones sin consentimiento y negación de acompañante— es un fenómeno extendido con consecuencias negativas tanto para la salud materna como para el vínculo con el recién nacido. El conocimiento de los derechos por parte de las mujeres se identifica como factor protector. Enlace: Bohren et al. – PLoS Medicine (2015)
3. La ley española te protege de forma explícita La Ley 41/2002, básica reguladora de la autonomía del paciente, establece en su artículo 8 que «toda actuación en el ámbito de la salud de un paciente necesita el consentimiento libre y voluntario del afectado». Este marco legal, combinado con la Estrategia de Atención al Parto Normal del SNS (2007), constituye el paraguas jurídico y sanitario que ampara tus derechos en cualquier hospital público español. Enlace: BOE – Ley 41/2002
Cómo prepararte para ejercer tus derechos antes del parto
Llegar informada al paritorio no significa llegar con una lista de exigencias bajo el brazo. Significa llegar sabiendo qué quieres, por qué lo quieres y cómo pedirlo. Estos son los pasos concretos que recomiendo:
Asiste a clases de preparación al parto con tu matrona de referencia. No para aprender a respirar correctamente —que también—, sino para hablar de tus derechos en un entorno tranquilo, antes de que empiece el trabajo de parto.
Elabora tu plan de parto con información real y con ayuda profesional. No uses plantillas genéricas. Usa el modelo del Ministerio de Sanidad disponible en la web, habla con tu matrona y personalízalo a tu situación.
Infórmate sobre las intervenciones más comunes. La amniotomía, la oxitocina sintética, la episiotomía, la monitorización continua, la posición en el expulsivo: estas palabras deberían resultarte familiares antes de que alguien te las proponga en plena contracción.
Practica las frases de comunicación asertiva. No es teatral. El cerebro bajo estrés agudo recurre a patrones aprendidos. Si has practicado cómo pedir información, te resultará más accesible hacerlo en el momento real.
Habla con tu acompañante. Que sepa cuál es su papel. Que entienda que puede preguntar, que puede pedir espera, que puede ser tu portavoz cuando tú estés en pleno trabajo activo.
Lo que no puedo prometerte, pero sí decirte con honestidad
El parto tiene una naturaleza viva e impredecible. Hay situaciones de urgencia real en las que el equipo necesita actuar rápido y el tiempo para explicaciones extensas es mínimo. Eso existe y es legítimo. Una emergencia médica real tiene sus propias reglas, y la primera es preservar la vida.
Pero las emergencias reales son la minoría de las intervenciones que se realizan en un paritorio. La mayoría de las decisiones —la posición en el expulsivo, el momento de poner oxitocina, si hacer o no episiotomía, cuándo cortar el cordón— son decisiones que admiten conversación, que admiten tu voz, que admiten tu consentimiento genuino.
Lo que sí puedo prometerte es esto: una mujer que conoce sus derechos, que pregunta y que participa activamente en las decisiones de su parto, tiene más posibilidades de vivir esa experiencia como suya. No necesariamente sin dolor, no necesariamente como lo había imaginado —el parto raramente sigue el guion—, pero sí como protagonista de su historia.
Y eso importa. Importa para ti, para tu bebé y para el tipo de sistema sanitario que, entre todas, estamos construyendo.
Un último apunte para las que ya parieron y sienten que algo no fue bien
Si estás leyendo esto después de un parto en el que no te sentiste escuchada, en el que no te explicaron lo que te hacían, en el que sentiste que tus palabras no importaban: lo que sientes tiene nombre y tiene validez.
Hay recursos. Puedes hablar con tu matrona. Puedes presentar una reclamación formal en el centro donde diste a luz. Puedes solicitar tu historia clínica y revisarla. Puedes buscar apoyo psicológico especializado en trauma perinatal. Y puedes saber que lo que te ocurrió no fue normal, aunque fuera frecuente.
Frecuente no es lo mismo que correcto. Y tener información ahora, aunque sea después, también tiene valor.
Si este artículo te ha resultado útil, compártelo con alguien que esté esperando su momento. La información que llega antes de entrar al paritorio puede cambiar cómo vive ese momento. Y eso es, en el fondo, de lo que va todo esto.
Diana Martínez.
📚 Bibliografía
- OMS. Recomendaciones de la OPS/OMS sobre atención al parto: una experiencia positiva en el parto. 2018. https://www.who.int/es/publications/i/item/9789241550215
- Boletín Oficial del Estado. Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente. BOE núm. 274. https://www.boe.es/eli/es/l/2002/11/14/41/con
- Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. Estrategia de Atención al Parto Normal en el Sistema Nacional de Salud. 2007. https://www.mscbs.gob.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/pdf/equidad/estrategiaPartoEnero2008.pdf
- Bohren MA, et al. Mistreatment of women during childbirth in health facilities globally: a mixed-methods systematic review. PLoS Medicine. 2015. https://journals.plos.org/plosmedicine/article?id=10.1371/journal.pmed.1001847
Preguntas frecuentes
¿Puedo negarme a una intervención durante el parto aunque el médico la recomiende?
Sí, tienes derecho legal a rechazar cualquier intervención siempre que hayas recibido información suficiente y estés en condiciones de decidir; tu negativa debe respetarse y quedar registrada.
¿Qué es el consentimiento informado y cuándo debo firmarlo?
Es el proceso por el que el equipo te explica una intervención, sus riesgos y alternativas, y tú decides libremente aceptarla o no; debes firmarlo antes de la intervención, nunca durante una contracción intensa.
¿Tengo derecho a que mi pareja o acompañante esté conmigo en todo momento?
Sí, la normativa española y las recomendaciones de la OMS contemplan el derecho a un acompañante de tu elección durante el trabajo de parto, el parto y el periodo inmediato tras el nacimiento.
¿Para qué sirve el plan de parto y tiene validez legal?
El plan de parto recoge tus preferencias y es un documento reconocido por la Estrategia de Atención al Parto Normal del SNS; aunque no es vinculante, obliga al equipo a leerlo, dialogar contigo y justificar cualquier desviación.
¿Qué hago si siento que no me están informando bien durante el parto?
Pide una pausa, usa la frase ‘necesito entender esto antes de decidir’, solicita que te expliquen la urgencia real y, si el momento lo permite, que llamen a la matrona o al médico responsable para aclararlo.
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