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La pareja en el parto: esto es lo que sé sobre acompañar un nacimiento

La pareja en el parto: esto es lo que sé sobre acompañar un nacimiento

24 Ago 2026 · Maternidad· 39 min de lectura

La pareja en el parto: por qué tu presencia marca una diferencia enorme en cómo ella vive el nacimiento

Como matrona, puedo decirte algo con total certeza: la pareja en el parto marca una diferencia enorme en cómo la mujer vive esa experiencia. He visto acompañantes que transforman por completo el ambiente del paritorio, que ayudan a la mujer a conectar con su fuerza interior y a sentirse segura en cada contracción, en cada empuje, en cada momento de incertidumbre. Y también he visto parejas que, con toda la buena intención del mundo, complican las cosas sin darse cuenta de lo que están haciendo.

No os culpo en absoluto. Nadie nos enseña a acompañar un parto de manera efectiva. La pareja llega al hospital queriendo ayudar con todo su corazón, pero sin saber muy bien cómo hacerlo de forma que realmente sume al proceso. Es completamente normal sentirse perdido ante una situación tan intensa y desconocida. No existe ninguna asignatura en el colegio ni en la universidad que se llame «cómo estar presente mientras la persona que más quieres atraviesa una de las experiencias más intensas de su vida». Y sin embargo, ese rol de acompañamiento puede ser absolutamente decisivo para cómo ella recordará ese día durante el resto de su vida.

La evidencia científica respalda lo que veo cada día en el paritorio con mis propios ojos. Una revisión Cochrane que analizó 26 ensayos con más de 15.000 mujeres concluyó que el apoyo continuo durante el parto se asocia con partos más cortos, menor probabilidad de cesárea, menos necesidad de analgesia farmacológica y mayor satisfacción materna (Bohren et al., 2017). Pero aquí está la clave que quiero que entiendas: no cualquier tipo de apoyo sirve. El tipo de presencia importa tanto como estar presente físicamente en la habitación.

Por eso quiero contarte, desde mi experiencia clínica atendiendo miles de partos y desde el cariño de quien ha sostenido miles de manos en momentos de incertidumbre, qué funciona y qué no cuando hablamos de la pareja en el parto. Para que lleguéis a ese momento sabiendo cuál es vuestro papel real. Para que podáis ser el equipo que ella necesita sin caer en errores comunes que veo repetirse una y otra vez.

Si estás buscando información completa sobre todo el proceso, te recomiendo consultar mi guía completa del parto donde explico cada fase con detalle.

Lo que NO ayuda en el parto aunque lo hagas con todo el cariño del mundo

Voy a ser directa contigo, porque creo que es lo más útil que puedo hacer. Estas son las cosas que veo constantemente en el paritorio y que, aunque nacen del amor más genuino y de las mejores intenciones, no ayudan a la mujer que está pariendo. De hecho, muchas veces complican el proceso sin que os deis cuenta de lo que está pasando.

Preguntar cada dos minutos si está bien interrumpe su concentración profunda

«¿Estás bien? ¿Estás bien? ¿Cómo te encuentras? ¿Necesitas algo? ¿Te duele mucho? ¿Quieres que llame a alguien?»

Entiendo perfectamente el impulso que te lleva a hacer estas preguntas una y otra vez. Quieres saber cómo está en cada momento. Te preocupas por ella y por lo que está viviendo. Es tu manera de demostrar que estás ahí, que te importa lo que está experimentando en cada contracción. Pero cuando una mujer está en trabajo de parto activo, cada pregunta la saca de su burbuja de concentración. La obliga a procesar información externa, a pensar en palabras, a formular una respuesta coherente. La obliga a estar pendiente de ti en lugar de centrarse en su propio cuerpo y en lo que necesita hacer instintivamente.

El parto es un proceso que funciona significativamente mejor cuando la mujer puede desconectar del neocórtex, esa parte del cerebro que se encarga del pensamiento racional, el lenguaje y la comunicación verbal. Las investigaciones sobre neurobiología del parto muestran que la actividad neocortical excesiva puede interferir directamente con la liberación de oxitocina y dificultar el progreso natural del trabajo de parto (Uvnäs-Moberg et al., 2019). Cada vez que le haces una pregunta que requiere respuesta verbal, estás activando precisamente esa parte del cerebro que debería estar funcionando en segundo plano para que el parto fluya de manera óptima.

Lo que puedes hacer en su lugar es observar atentamente con calma. Mirarla sin necesidad de confirmar cada cosa con preguntas verbales. Estar atento a sus señales no verbales: su respiración, su postura, su expresión facial. Si parece que necesita algo, ofrécelo directamente sin convertirlo en interrogatorio que requiera respuesta elaborada. Un simple «aquí tienes agua» mientras le acercas el vaso o un contacto suave en el hombro comunica presencia reconfortante sin interrumpir su estado de concentración profunda.

Contar las contracciones en voz alta la mantiene híper-consciente del tiempo que pasa

«Van 45 segundos… 50… 55… ya, ya pasó. Esta ha durado un minuto y diez segundos, más que la anterior. La siguiente debería venir en unos tres minutos si sigue el patrón.»

Entiendo que quieres sentirte útil en ese momento porque la espera se hace difícil y necesitas participar activamente en lo que está pasando. Pero este comportamiento tiene dos problemas serios que deberías conocer antes de que llegue el día del parto.

Primero, la mantiene híper-consciente del tiempo transcurriendo segundo a segundo, cuando lo que ella necesita es precisamente lo contrario: dejarse llevar sin reloj, perder la noción de los minutos, entrar en ese estado alterado de consciencia que facilita el progreso del parto de manera natural. El reloj se convierte en un enemigo implacable cuando estás pendiente de él contracción tras contracción, esperando que cada una termine.

Segundo, te convierte en un cronómetro humano en lugar de un apoyo emocional presente y conectado con ella. Y ella no necesita un cronómetro con buenas intenciones. Te necesita a ti, como persona, conectado emocionalmente con lo que está viviendo.

Si el equipo sanitario necesita información precisa sobre las contracciones, nosotras la obtenemos sin ningún problema. Tenemos monitores específicos para eso, tenemos experiencia palpando el abdomen para valorar la intensidad y frecuencia, tenemos formación para interpretar esos datos correctamente. Tú céntrate en ella como persona, no en el reloj del móvil ni en los números que aparecen en las pantallas del paritorio.

Poner cara de susto cuando la cosa se pone intensa le transmite que algo va mal

El parto tiene momentos muy intensos que pueden resultar impactantes si no estás preparado para verlos y escucharlos. Especialmente en la fase de transición, cuando la dilatación pasa de los 7-8 centímetros a la dilatación completa, y durante el expulsivo cuando el bebé está naciendo. La mujer puede gritar con mucha fuerza. Puede decir que no puede más con total convicción y desesperación. Puede parecer que está sufriendo muchísimo. Puede decir cosas que normalmente jamás diría, incluso cosas que podrían resultarte chocantes o preocupantes.

Si tú reaccionas con cara de pánico, con los ojos muy abiertos de preocupación evidente o con expresión de angustia visible en tu rostro, ella lo percibe aunque no te esté mirando directamente. Aunque esté con los ojos cerrados, aunque parezca que está completamente en otro mundo concentrada en su proceso, lo percibe a través de tu energía, de tu respiración alterada, del cambio en cómo le tocas la mano con más tensión. Y su cerebro interpreta ese pánico tuyo como una señal clara de peligro real: «Algo va mal. Hay amenaza. Tengo que estar alerta y preocuparme.»

Esa interpretación activa el sistema nervioso simpático de forma inmediata, libera adrenalina y cortisol en su cuerpo, y puede frenar significativamente el progreso del parto. La adrenalina es antagonista directo de la oxitocina, la hormona que impulsa las contracciones efectivas y facilita el nacimiento del bebé. Un estudio clásico de Lederman demostró que los niveles elevados de ansiedad y la activación del sistema de estrés se asocian directamente con trabajo de parto más prolongado y mayor necesidad de intervenciones médicas (Lederman et al., 198590107-0)).

La calma se contagia con facilidad entre las personas presentes. El miedo también se contagia, y muy rápido, especialmente en situaciones de vulnerabilidad. Tu trabajo fundamental es transmitir calma y seguridad hacia ella, aunque por dentro estés nervioso o asustado por lo que estás presenciando. Respira hondo varias veces conscientemente, mantén una expresión serena en tu cara aunque te cueste esfuerzo, y confía en que el equipo sanitario está pendiente de cualquier señal de alarma real que requiera intervención médica.

Hablar por teléfono con la familia convierte el paritorio en un plató de reality show

«Sí, mamá, ya va por 6 centímetros de dilatación. Sí, está aguantando bien, dentro de lo que cabe con tanto dolor. No, todavía no ha pedido la epidural pero creo que la va a pedir pronto. Ya os aviso cuando nazca el bebé, no te preocupes que te llamo enseguida.»

El paritorio no es un plató de televisión ni un reality show familiar que retransmitir en directo. La mujer no necesita público siguiendo el evento en tiempo real, ni siquiera público virtual que está al tanto de cada actualización a distancia a través de tu teléfono. Y tú no eres el presentador que retransmite el partido minuto a minuto para los espectadores impacientes que esperan noticias desde casa.

Cada llamada rompe completamente el ambiente íntimo del paritorio que tanto cuesta crear. Cada conversación con el exterior trae energía que no pertenece a ese momento tan especial y privado que estáis viviendo juntos. Además, la mujer puede sentir que están hablando de ella como si no estuviera presente en la habitación, comentando su dilatación, su dolor, sus decisiones, su cuerpo, y eso genera incomodidad profunda y sensación de exposición innecesaria que le dificulta relajarse.

Los mensajes de WhatsApp y las llamadas de familiares pueden esperar perfectamente sin ningún problema real. De verdad te lo digo después de miles de partos. El bebé va a nacer exactamente igual tanto si informas cada hora como si no lo haces hasta que todo haya terminado. La familia sobrevivirá perfectamente sin actualizaciones constantes sobre el progreso de la dilatación. Y tu pareja te lo agradecerá enormemente cuando recuerde cómo estuviste presente de verdad para ella en lugar de gestionando comunicaciones externas.

Lo que puedes hacer es silenciar el móvil completamente antes de entrar al paritorio y guardarlo fuera de tu vista. Si hay información verdaderamente importante que comunicar porque no puede esperar, sal un momento de la habitación al pasillo, hazlo muy rápido y discreto, y vuelve enseguida a estar presente con ella. No conviertas el acompañamiento en una retransmisión deportiva para la grada familiar expectante.

Intentar solucionar todo y dar consejos no pedidos añade presión innecesaria sobre ella

«Respira así, como practicamos en las clases. No, así no, más profundo, desde el diafragma, acuérdate. Tienes que acordarte de lo que dijeron en las clases de preparación al parto. Tienes que relajarte más, no te tenses tanto. ¿Por qué no pones música relajante? Deberías caminar un poco por la habitación. Deberías moverte más, el movimiento ayuda.»

Sé que lo haces porque quieres ayudar activamente y porque sientes que hacer algo visible es mejor que no hacer nada aparente mientras ella trabaja. Pero en el parto, la mujer no necesita un entrenador que le diga constantemente lo que tiene que hacer en cada momento. Necesita alguien que confíe profundamente en que ella sabe lo que necesita su cuerpo de manera instintiva, aunque en ese momento no pueda expresarlo con palabras claras ni explicar por qué.

Dar instrucciones constantemente la saca de su estado instintivo natural y la pone en modo «alumna que tiene que hacer bien los deberes y complacer al profesor que la está evaluando». Eso añade presión innecesaria a un momento que ya es suficientemente intenso y demandante por sí mismo sin necesidad de más exigencias externas.

Lo que funciona mucho mejor es ofrecer opciones en lugar de instruir sobre lo que debería hacer. «¿Quieres que ponga música suave?» es completamente diferente de «Pon música, te relajará, confía en mí, yo sé lo que necesitas». Y aceptar un «no» rotundo sin insistir ni ofenderte es absolutamente fundamental para que ella sienta que tiene el control real de su propio proceso y de las decisiones que toma.

Lo que SÍ ayuda en el parto: la pareja como presencia sin protagonismo

Ahora viene la parte buena de todo esto, que es igual de importante que lo anterior. Porque hay muchas cosas que sí podéis hacer como pareja en el parto y que marcan una diferencia real, tangible, medible, que ella recordará para siempre con gratitud profunda. Y ninguna de ellas requiere conocimientos médicos especializados ni habilidades extraordinarias que no puedas desarrollar.

Estar presente sin protagonizar es el regalo más valioso que puedes ofrecer

Esto es quizás lo más difícil de entender en un mundo donde valoramos la acción constante y los resultados visibles, pero es lo más importante que puedo transmitirte: tu papel fundamental no es dirigir lo que pasa, ni solucionar los problemas que surgen, ni controlar cómo evoluciona el proceso. Tu papel es ESTAR.

Estar disponible para lo que ella necesite en cada momento. Estar atento a sus señales sin necesidad de preguntar constantemente. Estar tranquilo aunque por dentro sientas nervios intensos. Estar cerca sin invadir su espacio personal si necesita distancia. Estar en silencio cuando el silencio es lo que hace falta para que se concentre. Estar hablando bajito cuando las palabras la reconfortan y la anclan.

La revisión Cochrane sobre apoyo continuo durante el parto identificó que los efectos positivos del acompañamiento se dan especialmente cuando la persona de apoyo proporciona presencia constante, contacto físico reconfortante cuando es deseado, y aliento emocional sincero sin interferir con el trabajo del equipo sanitario (Bohren et al., 2017). Es presencia genuina y conectada, no intervención constante ni protagonismo.

Recuerdo a un padre que atendí hace unos años en el hospital que se me quedó grabado especialmente. No dijo prácticamente nada en todo el parto, y al principio me pregunté si estaba bien emocionalmente o si se sentía completamente perdido sin saber qué hacer. Simplemente se sentó junto a su pareja en una posición cómoda, le acarició el pelo con ternura cuando ella buscaba su mano, le ofreció agua entre contracciones sin preguntar si la quería, y la miró con una calma y una confianza absolutas durante todo el proceso sin perder la compostura ni un momento. Cuando nació el bebé, ella me dijo entre lágrimas de emoción: «No podría haberlo hecho sin él a mi lado sosteniéndome.» Y él no había hecho «nada» aparentemente visible ni heroico. Pero había hecho absolutamente todo lo que importaba: estar presente de verdad con todo su ser.

Ofrecer agua, abanico y mano para apretar son gestos de oro puro

Las cosas prácticas y sencillas que no requieren formación especial son oro puro en el parto, mucho más valiosas que cualquier intervención complicada o técnica sofisticada. Un sorbo de agua fresca entre contracciones cuando tiene la boca seca y necesita hidratarse. Un abanico suave si tiene calor y está sudando por el esfuerzo físico intenso. Tu mano firme y disponible para apretar cuando viene la ola fuerte de la contracción y necesita canalizar la intensidad de alguna manera. Una toallita húmeda en la frente para refrescarla cuando el calor la agobia. Un masaje suave en la zona lumbar si ella lo agradece explícitamente y lo pide.

No necesitas hacer grandes cosas heroicas ni espectaculares que impresionen a nadie. Las pequeñas atenciones cotidianas, ofrecidas sin insistir, sin agobiar, sin esperar reconocimiento, son las que ella recordará años después cuando cuente la historia de su parto a amigas y familiares. Son los gestos que dicen «estoy aquí contigo, te veo, te cuido» sin necesidad de palabras elaboradas ni discursos.

Un detalle importante que debes recordar siempre: ofrece sin imponer nunca tu criterio sobre lo que debería necesitar. «¿Quieres un poco de agua?» es completamente diferente de llenarle la boca con el vaso sin preguntar primero si lo quiere. Y si dice que no quiere en ese momento, acepta el no sin ofenderte ni insistir pensando que sabes mejor que ella lo que necesita. Lo que rechaza ahora puede aceptarlo dentro de diez minutos cuando cambie la situación y tenga otras necesidades.

Recordarle que lo está haciendo fenomenal puede ser el empujón que necesita

Hay un momento característico en casi todos los partos en que la mujer dice con total convicción y desesperación aparente: «No puedo más. No soy capaz de seguir adelante. Quiero que esto termine ya de una vez.» Es lo que las matronas llamamos la «hora de la verdad» o la fase de desánimo profundo, y puede resultar muy impactante y preocupante para quien la presencia si no está preparado para ese momento específico.

Ese momento intenso suele ser justo antes de un gran avance significativo en el parto. Es la transición entre fases, cuando el cuerpo se prepara activamente para el expulsivo final. Es la señal clara de que el bebé está muy cerca de nacer. Y es precisamente cuando ella más necesita escuchar de tu voz familiar y conocida: «Lo estás haciendo increíble, de verdad. Ya queda muy poco, falta menos de lo que crees. Eres más fuerte de lo que imaginas. Puedes con esto, confío plenamente en ti.»

No son palabras vacías ni frases de autoayuda barata que suenan falsas. Es el ancla emocional real que la ayuda a dar el último empujón, literal y metafóricamente hablando. Tu voz conocida y familiar, diciéndole con sinceridad que confías plenamente en ella y en su capacidad, puede ser exactamente lo que necesita para cruzar esa última línea difícil y encontrar fuerzas que no sabía que tenía escondidas.

La Organización Mundial de la Salud recomienda específicamente el apoyo emocional continuo como parte fundamental de las prácticas de atención intraparto respetuosa, destacando que las palabras de aliento sinceras y el refuerzo positivo genuino contribuyen significativamente a una experiencia de parto más satisfactoria y empoderadora (WHO, 2018).

Proteger el ambiente del paritorio te convierte en guardián del espacio sagrado

Puedes ser el guardián activo del espacio donde ella está pariendo, y ese es un papel más importante de lo que parece a simple vista. Bajar las luces si están demasiado fuertes y nadie del equipo lo ha hecho todavía porque están ocupados. Pedir amablemente al personal que hable en voz más baja si hay demasiado ruido en la habitación que la desconcentra. Cerrar la puerta cuando alguien la deja abierta inadvertidamente al salir. Controlar discretamente quién entra y quién sale sin necesidad de que te lo pidan expresamente.

Esto es especialmente importante si el parto es en un hospital grande, donde a veces hay más movimiento del necesario para un ambiente íntimo, más gente entrando y saliendo para diferentes tareas rutinarias, más interrupciones de las que serían ideales para el proceso natural. Tú puedes ser el filtro protector que defiende su burbuja de concentración sin entrar en conflicto con el equipo sanitario que está trabajando.

Un ambiente tranquilo y protegido, con luz tenue que no moleste ni deslumbre, temperatura agradable y mínimas interrupciones externas, favorece la liberación natural de oxitocina y facilita el progreso óptimo del parto. La evidencia científica sobre ambientes de parto apoya claramente que las condiciones del entorno físico influyen significativamente tanto en los resultados clínicos como en la experiencia subjetiva materna del proceso (Hodnett et al., 2012).

Para más información sobre cómo crear las condiciones óptimas para el nacimiento, puedes consultar mi artículo sobre parto respetado: qué es, tus derechos y cómo conseguirlo.

El contacto físico reconfortante cuando ella lo desea tiene poder terapéutico real

El contacto físico puede ser tremendamente reconfortante durante el parto y tiene efectos medibles y documentados en la gestión del dolor y la ansiedad. Un masaje en la zona lumbar ayuda a muchas mujeres a gestionar la intensidad de las contracciones de manera más llevadera, especialmente cuando el bebé está en posición posterior y la molestia se concentra principalmente en la espalda baja con cada contracción.

Pero aquí viene la clave fundamental que no debes olvidar nunca: cuando ELLA lo desea explícitamente, no cuando tú crees que lo necesita o que debería quererlo. No todas las mujeres quieren que las toquen durante el parto, por muy bien intencionado que sea el contacto. Algunas necesitan espacio físico y distancia para concentrarse mejor. Y lo que funciona maravillosamente en una fase del parto puede resultar completamente insoportable o irritante en otra fase diferente. Puede que al principio agradezca los masajes y llegue un momento en que cualquier contacto físico le resulte molesto o agobiante.

Pregunta siempre antes de tocarla para cualquier cosa. Observa atentamente cómo reacciona su cuerpo a tu contacto: si se relaja o si se tensa más. Y si te dice que pares o que la dejes en paz, para inmediatamente sin tomártelo como algo personal ni como rechazo hacia ti como persona. No es rechazo hacia ti en absoluto. Es su cuerpo pidiéndole exactamente lo que necesita en ese momento específico del proceso, y tú debes respetar esa necesidad aunque no la entiendas.

La comunicación previa: la clave del acompañamiento efectivo en el parto

Aquí viene probablemente lo más importante que puedo decirte sobre el papel de la pareja en el parto y que marca la diferencia entre un acompañamiento bueno y uno excelente: no asumas nunca que sabes lo que ella necesita sin preguntarle. Pregunta directamente. Y hazlo ANTES de que llegue el momento del parto, cuando hay tiempo suficiente para conversaciones tranquilas sin presión ni urgencia.

Cada mujer es completamente diferente en sus necesidades y preferencias personales. Cada parto es diferente incluso para la misma mujer que ya ha dado a luz antes. Lo que le funcionó fenomenal a tu hermana o a tu cuñada puede no funcionarle en absoluto a tu pareja. Lo que leísteis juntos en un libro o visteis en un documental puede no aplicarse a vuestra situación específica.

Algunas mujeres quieren contacto físico constante durante todo el proceso sin interrupción: masajes en la espalda que no paren nunca, mano en la mano apretando fuerte durante las contracciones, abrazos reconfortantes entre olas de dolor, sentir el cuerpo cálido de su pareja cerca en todo momento como ancla. Otras necesitan exactamente lo contrario: que no las toquen bajo ningún concepto porque el contacto les resulta agobiante, que les den espacio físico amplio, que estén cerca pero sin contacto físico directo que las sobrecarga sensorialmente.

Algunas quieren palabras de ánimo constantemente todo el rato, escuchar tu voz familiar como hilo conductor que las guía y las ancla a la realidad. Otras prefieren silencio absoluto y completo, que las dejes concentrarse sin interferencias auditivas de ningún tipo que las saquen de su estado.

Algunas quieren que les recuerdes las técnicas de respiración que practicasteis juntos durante el embarazo en las clases de preparación. Otras quieren que te calles y las dejes hacer lo que el cuerpo les pida instintivamente en cada momento sin consejos ni sugerencias.

Por eso, la conversación tiene que ocurrir ANTES del parto, no durante. En las semanas previas al nacimiento, con calma. Sentaos juntos en casa, sin prisas ni distracciones, y hablad tranquilamente de cómo se imagina ella ese momento tan importante. Pregúntale qué cree que va a necesitar de ti específicamente. Hablad también de lo que NO quiere bajo ninguna circunstancia, qué cosas le agobiarían. Estableced algún tipo de señal no verbal que pueda usar si en el momento no puede expresarse con palabras porque está demasiado concentrada en el proceso.

Y durante el parto, sigue estando atento a las señales que te envía con su cuerpo y sus gestos. Pregúntale de vez en cuando, con pocas palabras sencillas y sin agobiar:

Si dice «no sé» o no responde porque está muy metida en su proceso interno, simplemente estate disponible cerca y ve probando con suavidad extrema. Ofrece una caricia muy ligera, observa si la acepta relajándose o la rechaza tensándose. Ofrece unas palabras bajitas, observa si las agradece o prefiere silencio. Aprende a leerla sin necesidad de que hable, como si fuera un baile donde tú sigues su ritmo natural sin imponer el tuyo.

Para preparar esta conversación importante, te puede ayudar revisar juntos mi artículo sobre cómo hacer tu plan de parto paso a paso.

Casos reales que ilustran la diferencia que marca la pareja en el parto

Déjame contarte dos situaciones que viví recientemente en el hospital y que ilustran perfectamente lo que vengo explicándote a lo largo de este artículo sobre la pareja en el parto.

Laura y Pedro: la presencia que transforma un parto en experiencia de equipo

Laura llegó al hospital con contracciones regulares cada cuatro minutos y Pedro la acompañaba con una actitud que me llamó la atención desde el primer momento que entraron por la puerta. Lo primero que noté fue la calma de Pedro, algo que no es tan frecuente ver en las parejas que llegan al paritorio por primera vez. No preguntaba constantemente qué estaba pasando ni cuánto faltaba para que naciera el bebé. No miraba el monitor obsesivamente buscando interpretar los datos que aparecían en pantalla. No consultaba el móvil cada dos minutos para informar a la familia de los avances.

Se sentó junto a Laura en una posición cómoda y disponible, le cogió la mano con suavidad sin apretar, y simplemente estuvo ahí presente de verdad. Cuando venía una contracción, respiraba con ella en silencio sin darle instrucciones verbales sobre cómo debería hacerlo. Entre contracciones, le acariciaba el pelo con ternura y le decía cosas bajito al oído que yo no llegaba a escuchar desde mi posición pero que claramente la reconfortaban y la hacían sonreír levemente incluso en momentos difíciles.

En un momento dado, cuando Laura estaba en la fase de transición más intensa, empezó a decir que no podía más, que quería rendirse y que pararan todo. Pedro se acercó a su cara con calma, la miró directamente a los ojos con serenidad, y le dijo con una tranquilidad impresionante: «Puedes hacerlo, lo estás haciendo fenomenal de verdad. Lo estás haciendo increíble, ya falta muy poco. Estoy aquí contigo, no me voy a ningún sitio.»

El parto progresó sin complicaciones a partir de ese momento crucial. Laura tuvo una experiencia que después describió como «intensa pero increíblemente poderosa y empoderadora». Y me dijo algo que se me quedó grabado para siempre en la memoria: «Sentí que Pedro y yo éramos un equipo de verdad trabajando juntos. Que no estaba sola ni un segundo durante todo el proceso, aunque a veces pareciera que estaba en otro mundo completamente diferente.»

María y Carlos: buena intención mal canalizada que complicó el proceso

María llegó también con su pareja, Carlos, que claramente quería ayudar con todo su corazón y todas sus fuerzas disponibles. Pero su manera de ayudar era muy diferente a la de Pedro en el caso anterior. Preguntaba constantemente tanto a María como al equipo sanitario: «¿Estás bien? ¿Cuánto falta para que nazca el bebé? ¿Esto que está pasando es normal o hay algún problema?» Miraba el monitor de las contracciones con atención intensa y comentaba cada variación que veía en los números: «Esta contracción ha sido más larga que la anterior, ¿no? ¿Es bueno o malo que sean más largas así?»

Cuando María intentaba concentrarse en lo que estaba sintiendo su cuerpo, Carlos le daba instrucciones continuas sobre lo que debería hacer: «Respira más profundo, desde el abdomen como practicamos. Acuérdate de lo que dijeron en las clases de preparación al parto. Tienes que relajarte más, estás muy tensa y eso no ayuda.» María, que ya estaba haciendo un esfuerzo enorme simplemente para gestionar las contracciones intensas, tenía que gastar energía adicional en responderle, en tranquilizarle a él, en gestionar la ansiedad visible de Carlos además de la suya propia.

En la fase de transición, Carlos se asustó visiblemente cuando María gritó con fuerza durante una contracción especialmente intensa y larga. «¿Está bien? ¿Le está pasando algo malo? ¿Hay que hacer algo?» me preguntó con cara de pánico evidente que María percibió inmediatamente aunque tenía los ojos cerrados. María lo percibió a través de su voz alterada y temblorosa, y empezó a asustarse también pensando que algo iba mal, lo que frenó temporalmente el progreso del parto que venía evolucionando bien.

Tuve que llevarme a Carlos aparte un momento al pasillo y explicarle con calma que todo era completamente normal, que María lo estaba haciendo muy bien, que lo mejor que podía hacer era transmitir calma aunque él estuviera nervioso por dentro. Una vez que lo entendió y pudo cambiar su actitud conscientemente, el ambiente de la habitación se relajó notablemente. María pudo reconectar con su cuerpo y sus instintos naturales, y el parto avanzó sin más complicaciones hasta el nacimiento.

No cuento esto para juzgar a Carlos ni para hacerle sentir mal sobre su actuación. Lo hizo lo mejor que supo con las herramientas y la información que tenía disponible en ese momento. Pero ilustra perfectamente cómo la actitud de la pareja en el parto puede facilitar o dificultar significativamente el proceso dependiendo de cómo se canalice esa energía genuina de querer ayudar.

Qué pasa si hay complicaciones: el papel de la pareja cuando las cosas no van como esperabais

No puedo hablaros del papel de la pareja en el parto sin mencionar qué pasa cuando surgen complicaciones inesperadas durante el proceso. Porque a veces surgen, aunque la mayoría de los partos transcurren sin problemas significativos que requieran intervención. Y en esos momentos de incertidumbre y preocupación, vuestro papel se vuelve todavía más importante que en un parto sin complicaciones.

Si hay que tomar decisiones médicas urgentes, si se plantea una intervención que no esperabais como parte del plan original, si hay que hacer una cesárea de emergencia por el bienestar del bebé o de la madre, la pareja tiene dos funciones fundamentales que cumplir:

Primero: ser el puente de comunicación efectivo entre ella y el equipo. A veces la mujer está tan centrada en el proceso físico intenso que le cuesta procesar toda la información médica que le da el equipo sanitario de golpe. Tú puedes ayudar a entender lo que está pasando, a hacer preguntas relevantes que a ella no se le ocurren en ese momento de estrés, a pedir que os expliquen las cosas con calma y en términos comprensibles para personas sin formación médica.

Segundo: seguir transmitiendo calma pase lo que pase. Si tú te hundes emocionalmente ante la situación, ella se hunde contigo inevitablemente. Si tú mantienes la serenidad aunque sea aparente y aunque por dentro estés preocupado, le transmites que hay alguien sosteniendo la situación aunque las cosas hayan cambiado respecto al plan original que teníais. Esa sensación de que alguien mantiene la calma y el control es fundamental para ella en momentos difíciles.

La Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) reconoce que el acompañamiento durante procedimientos como la cesárea, siempre que sea técnicamente posible y seguro para todos, contribuye significativamente al bienestar emocional de la mujer y facilita el vínculo temprano con el recién nacido tras el nacimiento (SEGO, 2020).

Es importante que habléis antes del parto también de estos escenarios que nadie quiere pero que pueden ocurrir. ¿Qué pasa si hay que hacer cesárea de urgencia? ¿Quién quiere ella que esté presente si es posible? ¿Qué pasa si os separan momentáneamente por algún procedimiento médico necesario? Tener estas conversaciones incómodas antes del parto reduce significativamente la ansiedad si llegan a producirse en la realidad.

Para entender mejor las diferentes situaciones que pueden presentarse, puedes consultar mi artículo sobre cesárea: recuperación completa, cuidados de la cicatriz y lactancia.

Los primeros momentos después del nacimiento: el papel de la pareja no termina con el parto

El papel de la pareja en el parto no termina cuando nace el bebé y se escucha ese primer llanto que tanto esperabais. De hecho, los primeros minutos y horas después del nacimiento son absolutamente cruciales para el establecimiento del vínculo afectivo, y vuestra presencia sigue siendo enormemente importante para ella y para el recién nacido.

El contacto piel con piel inmediato entre el recién nacido y la madre se considera una práctica fundamental para la adaptación del bebé a la vida extrauterina, el inicio exitoso de la lactancia materna y el vínculo afectivo entre madre e hijo. La evidencia científica es absolutamente contundente sobre sus múltiples beneficios para ambos (Moore et al., 2016). Pero ese momento tan especial también puede ser abrumador para la madre, especialmente si está agotada física y emocionalmente después de horas de trabajo de parto intenso.

Ahí puedes ayudar de maneras muy concretas y valiosas: protegiendo ese momento sagrado de interrupciones innecesarias que pueden esperar, evitando que se llene la habitación de gente que quiere ver al bebé inmediatamente, de llamadas de familiares impacientes que no pueden esperar, de sesiones de fotos innecesarias que pueden hacerse más tarde cuando todos estéis más recuperados. Ayudando con pequeñas cosas prácticas como traer agua o una manta si tiene frío después del esfuerzo. Y también, si es posible y lo deseáis ambos, haciendo vosotros contacto piel con piel con el bebé si la madre necesita descansar un momento o si hay algún motivo médico por el que ella no puede hacerlo inmediatamente.

La Asociación Española de Pediatría (AEPED) recomienda que el padre o la persona acompañante participe activamente en los cuidados del recién nacido desde los primeros momentos de vida, favoreciendo así el vínculo temprano entre todos los miembros de la familia y la corresponsabilidad en la crianza desde el primer día (AEPED, 2021).

Para más información sobre estos primeros momentos cruciales, te recomiendo mi guía completa del postparto.

Prepararse juntos para el parto: el mejor regalo que podéis haceros como pareja

Si estás leyendo esto semanas o incluso meses antes de vuestro parto, tienes una ventaja enorme que debes aprovechar al máximo: tiempo suficiente para prepararos juntos de manera adecuada y consciente. Y esa preparación conjunta es probablemente el mejor regalo que podéis haceros como pareja de cara a ese día tan importante que se acerca.

Hablad con calma de lo que ella cree que va a necesitar de ti durante el parto, sin prisas ni interrupciones. Pregúntale qué le da miedo del proceso, qué le ilusiona, cómo se imagina ese momento en su cabeza cuando lo visualiza. Visitad juntos el hospital si ofrecen esa posibilidad para conocer las instalaciones del paritorio. Conocer el espacio físico antes reduce significativamente la ansiedad cuando llegue el día del parto y todo os resulte más familiar y menos amenazante.

Practicad juntos técnicas de relajación y respiración en casa durante las semanas previas. No porque vayan a ser la solución mágica para todo el dolor del parto, sino porque el proceso de practicarlas os conecta emocionalmente como pareja, os da herramientas compartidas que conocéis ambos para usar el día del parto, os hace funcionar como equipo coordinado que habla el mismo idioma.

Hablad de vuestros miedos sin tapujos ni vergüenza. Los tuyos también, no solo los de ella. Es completamente normal tener miedo de ver a tu pareja sufrir sin poder hacer nada, de no saber qué hacer en momentos críticos, de sentirte inútil e impotente ante algo tan intenso. Expresar esos miedos antes en un ambiente seguro y de confianza os ayuda a gestionarlos mucho mejor cuando llegue el momento real.

Y sobre todo, hablad de vuestras expectativas realistas para ese día. ¿Cómo os imagináis ese momento? ¿Qué es importante para cada uno de vosotros? ¿Qué os gustaría que pasara y qué preferís evitar si es posible?

La preparación al parto no es solo para la mujer embarazada aunque a veces lo parezca. Es para la pareja también, igual de importante. Porque cuando los dos entendéis lo que está pasando fisiológicamente en cada fase, cuando los dos habéis hablado abiertamente de lo que necesitáis, todo fluye mucho mejor el día del nacimiento.

Para una preparación completa, te recomiendo consultar mi artículo sobre preparación al parto: guía completa.

Cómo gestionar tus propias emociones como pareja durante el parto

Antes de terminar este artículo, quiero dedicar unas palabras específicamente a ti, la persona que acompaña. Porque tu experiencia emocional también importa, aunque en ese momento concreto el foco principal esté lógicamente en la mujer que está dando a luz.

Ver a alguien que amas profundamente atravesar algo tan intenso como un parto no es nada fácil de presenciar. Sentir que no puedes quitarle el dolor ni acelerar el proceso puede resultar muy frustrante. La impotencia, el miedo, la preocupación constante, son emociones completamente normales y absolutamente válidas que probablemente experimentarás en algún momento.

Pero tu trabajo durante el parto es contener esas emociones intensas, no descargarlas sobre ella en forma de ansiedad visible o preguntas constantes que reflejen tu nerviosismo. Eso no significa reprimirlas ni fingir que no existen dentro de ti. Significa aparcarlas momentáneamente de manera consciente, comprometerte a procesarlas después con calma, y mientras tanto, ofrecer tu mejor versión de calma y presencia para ella que te necesita.

Después del parto, cuando todo haya pasado, habla de cómo te sentiste durante todo el proceso. Con tu pareja si os apetece compartirlo juntos, con amigos de confianza que entiendan la experiencia, con un profesional de la salud mental si sientes que lo necesitas para procesarlo. Tu experiencia como acompañante también merece ser procesada y validada, no minimizada ni ignorada.

Y si durante el parto sientes que te desbordan las emociones y no puedes contenerlas más, si necesitas salir un momento de la habitación a respirar aire fresco y recuperar la compostura, hazlo sin culpa. Es significativamente mejor salir cinco minutos al pasillo, llorar si lo necesitas, recuperar la compostura y volver centrado y disponible, que quedarte dentro de la habitación transmitiéndole tu ansiedad descontrolada que no le ayuda en absoluto.

El vínculo que se forja en el parto: una experiencia que os cambia como pareja para siempre

Hay algo mágico que ocurre cuando atravesáis juntos una experiencia tan intensa como el nacimiento de vuestro hijo. Algo que es difícil de explicar con palabras pero que muchas parejas reconocen inmediatamente cuando lo viven en primera persona.

Ver a tu pareja en su momento de mayor vulnerabilidad y mayor fuerza simultáneamente transforma la manera en que la miras para siempre. Sentir que alguien que amas estuvo presente de verdad, sosteniéndote cuando más lo necesitabas sin huir ni esconderse, crea un vínculo profundo que se convierte en cimiento sólido de vuestra vida familiar futura.

Muchas parejas me cuentan meses o años después que el parto fue un momento bisagra en su relación. No solo por el nacimiento del bebé y la alegría que trae, sino por cómo se sintieron acompañados el uno por el otro durante esas horas tan intensas y transformadoras.

Esa conexión profunda no requiere perfección técnica ni que hagas todo correctamente según un manual. No requiere que hagas todo perfectamente según un guion establecido. Requiere presencia auténtica y genuina, intención sincera de estar ahí pase lo que pase, y la humildad de reconocer que a veces lo mejor que puedes hacer es simplemente quedarte cerca sin intentar controlar nada de lo que está pasando.

Un último pensamiento sobre la pareja en el parto que quiero dejarte

Cuando una mujer recuerda su parto años después, casi nunca habla de los detalles médicos con precisión. No menciona exactamente cuántos centímetros dilató a cada hora ni qué medicación específica le pusieron ni cuánto tiempo exacto duró cada fase del proceso. Lo que recuerda con claridad cristalina es cómo se sintió durante todo el proceso. Si se sintió segura o vulnerable y desprotegida. Si se sintió acompañada o abandonada. Si se sintió respetada o ignorada por quienes la rodeaban.

Y en esa memoria emocional del parto que permanece para siempre, la pareja ocupa un lugar absolutamente central. Cómo estuviste a su lado durante cada momento. Qué le transmitiste con tu presencia y tus gestos. Si ella sintió que formabais un equipo real trabajando juntos hacia un objetivo común o si se sintió profundamente sola aunque estuvieras físicamente presente en la habitación.

Tienes la oportunidad de ser parte de uno de los recuerdos más importantes de su vida. De vuestra vida juntos como familia que empieza a crecer. No hace falta que hagas nada espectacular ni heroico que impresione a nadie. Solo hace falta que estés de verdad con todo tu ser. Presente, atento, tranquilo, confiando en ella y en el proceso natural que está ocurriendo.

¿Habéis hablado ya de cómo queréis vivir el parto juntos como pareja? ¿Qué dudas tenéis sobre el papel de la pareja en el parto? ¿Qué os preocupa y qué os ilusiona de ese momento que se acerca cada día más? Me encantaría leeros en los comentarios y seguir esta conversación tan importante que tantas parejas necesitan tener.

📚 Bibliografía

Preguntas frecuentes

¿Qué puede hacer la pareja durante el parto para ayudar realmente?

Lo más efectivo es estar presente sin protagonizar: ofrecer agua, dar la mano para apretar durante las contracciones, mantener la calma visible, decir palabras de ánimo sinceras y proteger el ambiente del paritorio de ruidos e interrupciones innecesarias que puedan sacarla de su concentración.

¿Es normal que la mujer no quiera que la toquen durante el parto?

Completamente normal y muy frecuente. Las necesidades cambian durante las diferentes fases del parto y lo que reconforta en una fase puede resultar molesto o insoportable en otra fase diferente. Pregunta siempre antes de tocarla y acepta un no sin tomártelo como algo personal.

¿Debe la pareja contar las contracciones durante el parto?

No es necesario ni recomendable hacerlo en voz alta. Mantenerla pendiente del tiempo puede interferir con el estado de concentración que facilita el parto. El equipo sanitario se encarga de monitorizar las contracciones con equipos específicos.

¿Qué hacer si surgen complicaciones durante el parto?

Tu papel es doble: ser el puente de comunicación con el equipo médico haciendo preguntas y ayudando a entender la información, y seguir transmitiendo calma a tu pareja aunque las cosas no vayan como esperabais inicialmente.

¿Cómo prepararse como pareja para el parto?

Hablad antes del parto sobre qué necesita ella, qué le da miedo, qué tipo de contacto o apoyo prefiere en diferentes situaciones. Visitad juntos el hospital si es posible, practicad técnicas de relajación y hablad también de escenarios inesperados como una posible cesárea.

La pareja en el parto: esto es lo que sé sobre acompañar un nacimiento

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